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Lima, Peru
Filósofo e historiador. Nace en España en 1937 y llega al Perú como jesuita en 1957. Formación: humanidades clásicas y literatura, filosofía e historia. Especialización sucesiva: narrativa latinoamericana, filosofía moderna, filosofía de la existencia, historia de la emancipación peruana, pensamiento lukacsiano, historia de la ingeniería peruana y filosofía de la interculturalidad Profesor de la UNI (y rector 1984-89) y otras instituciones académicas en Perú, Budapest, Brasil y Túnez. Autor de 26 libros, 70 colaboraciones en obras colectivas y 150 artículos en revistas. Actualmente dirige el Centro de Historia UNI y es profesor de postgrado en la Universidad Nacional de Ingeniería. Participa activamente en el debate intelectual peruano desde la sociología de la literatura, el marxismo lukacsiano, las perspectivas postmodernas y la filosofía de la interculturalidad. En su libro "Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna" propone, como horizonte utópico de la actualidad, la convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades que enriquecen a la sociedad peruana. Contacto: jilopezsoria@gmail.com

10 sept. 2017

Las moradas peruanas del arte "moderno"


José Ignacio López Soria

Publicado en: Hueso húmero (67), p. 151-157, ju. 2017.

Me tocó hace unos meses, con Augusto Del Valle y Felipe Aburto, presentar De ultramodernidades y sus contemporáneos (México/Lima: FCE, 1917), el último libro de Luis Rebaza Soraluz, un intelectual peruano que recorre frecuentemente los escenarios artísticos europeos aprovechando su afincamiento académico en el King’s College de la Universidad de Londres, en donde ejerce la docencia sobre cultura, artes visuales y literatura latinoamericanas.

No es, por cierto, esta la primera vez que Rebaza nos enriquece con sus aproximaciones transdisciplinarias al mundo de las artes y la literatura. Lo hizo ya en el 2000 con un estudio sobre la poética y la identidad nacional en Arguedas, Westphalen, Sologuren, Eielson, Salazar Bondy, Szyszlo y Varela; en 2004, con la edición de la antología de Eielson Arte Poética, que trabajó con Ricardo Silva Santisteban; y en 2010, con una selección de textos de Eielson sobre arte, estética y cultura de 1946-2005, que fue luego, en 2013, ampliada con nuevos textos, incluyendo en ambos casos muestras de la recepción crítica de nuestro polifacético autor. Rebaza, además, interviene como curador de exposiciones artísticas. La que presentó, con Armando Williams, en la Universidad Católica con motivo del centenario del nacimiento de Westphalen tuvo por título “En el dominio del arte hay muchas moradas”, expresión que alude evidentemente al homenajeado, pero que trasluce también los andares del propio Rebaza, quien frecuenta desde hace lustros varias de esas moradas, tratando de avanzar en el (re)tejimiento (con disculpas por el neologismo) de la red que las enlazaba.

El último libro de Rebaza es un nuevo aporte en esta misma línea. Se trata de un texto de lectura no fácil porque estudia diversas formas de expresión artística (poesía, pintura, arquitectura, urbanismo, artes visuales y performances), tiene una muy abundante información, cubre una época relativamente larga (desde la década de 1920 hasta la primera década del siglo XXI), se refiere a un elevado número de autores peruanos y extranjeros, y entrecruza historias culturales diversas (peruana, europea y norteamericana). A esto hay que añadir que para Rebaza el universo estudiado no es un objeto concluido y abordable con el andamiaje tradicional de las disciplinas pertinentes (literatura, pintura, escultura, arquitectura, etc.), sino una realidad reticular incompleta a la que el autor se acerca no tanto para “representarla” cuanto para “presentarla” (traerla a la presencia) -a lo Heidegger- desde una perspectiva transdisciplinaria y performativa, es decir, partiendo de la cosa misma (si ello es posible) y no de las disciplinas, con el propósito de seguir hilvanando el tejido de la red del mundo estudiado. Aludo a Heidegger, aunque el autor no lo haga, porque, como es sabido, fue este filósofo alemán quien puso en agenda el tema de la palabra como casa del ser y morada en la que habita el hombre, casi como cobijo, ante las inclemencias de una modernidad en la que se adivinaban ya signos crepusculares. Así entendida, la palabra es presentación y no representación (como en Descartes) de la cosa. Recuérdese que Nietzsche había sentenciado ya que no existen hechos sino palabras, que el mundo verdadero se nos había vuelto fábula, y Wittgenstein había anotado que nuestro mundo no va más allá de nuestra propia lengua. Dada la importancia atribuida por entonces al lenguaje, ya no solo escrito u oral sino gestual y hasta como performance e instalación, no es raro que el arte se interese en “presentar” la realidad misma, sin la mediación de disciplina alguna y hasta explorando -como anota Rebaza- dimensiones conceptualmente no decibles.

La información, las reflexiones y el referido trabajo de (re)tejer la red está centrado especialmente en Abril, Westphalen, Eielson, Arguedas, Szyszlo, Varela, Sologuren y Sebastián Salazar Bondy, con un cierto predominio de Eielson. Pero el autor se ocupa también de los arquitectos Velarde, Harth-Terré, Miró Quesada y Belaúnde, y se refiere igualmente al papel desempeñado por Mariátegui, Vallejo, Eguren, Adán, Oquendo de Amat y pocos más en el primer tejido de la red. Los autores más trabajados tienen en común varios aspectos significativos: son mayoritariamente sanmarquinos, urbanos y, concretamente, limeños de nacimiento o de adopción; se adhieren a la democracia representativa; son viajeros no solo físicamente, que lo son varios, sino culturalmente, es decir, buscadores de medios expresivos más allá de los espacios tradicionales; son profesionales del arte y colaboran en El Comercio y La Prensa y escriben artículos en revistas como El Arquitecto Peruano, Las Moradas, Espacio y Amaru. Añado una última característica que me parece de particular importancia: pertenecen, por lo general, a una clase media urbana y profesionalizada que quiere decir su propia palabra y ya no, como los intelectuales de la década de 1920, prestársela a otros sectores sociales para que pongan en la agenda pública sus demandas. Se trata, entonces, como bien subraya Rebaza, no de autores sueltos ni de un grupo coadunado, sino de una red, que se va tejiendo, de artistas e intelectuales empeñados en desprenderse de las durezas de la cultura heredada para abrirse a mundos nuevos y profundizar en el propio. No es ciertamente casual, y Rebaza lo reitera en su texto, que, al mismo tiempo que buscan novedades más allá de nuestras fronteras culturales, los mencionados autores se acerquen a lo precolombino directamente o a través de los ya entonces serios estudios sobre el hombre, la historia y la cultura de los Andes. Y hay que anotar también que esa búsqueda dúplice -como nos enseñaran tempranamente Vallejo y Mariátegui- obedece realmente a la necesidad de construirse una identidad hecha de modernidad y de andinidad al mismo tiempo, lo que socava los cimientos del homogeneizador mestizaje, de la oposición identitaria ad usum (hispánica/indígena) y del supuesto dilema tradición/modernidad, para embarcarse en una exploración performativa de las identidades que nos sigue acompañando como tarea.

El propósito del libro queda explícito en las “Consideraciones preliminares”. Siguiendo la línea de trabajo iniciada con La construcción de un artista peruano contemporáneo (2000), Rebaza se propone ahora, primero, aclarar qué significan las diversas modernidades y “cómo se articulan entre sí, cuál es su ubicación en la discusión internacional y de qué manera son vistas por sus contemporáneos…” (p. 24), y, segundo, mostrar que “la versión del ultramodernismo que elabora un grupo de intelectuales y artistas peruanos implica tanto una articulación con lo local como la construcción consciente … de un modelo dinámico de apropiación cultural que es aplicable en otras zonas del mundo.” (p. 24) Estos dos objetivos no son abordados secuencial sino simultáneamente a lo largo de los diversos capítulos del libro. Se trata, por tanto, como de dos miradas desde las que se observan los fenómenos abordados en cada uno de los cinco capítulos y subcapítulos. Lo que realmente le interesa al autor está simbolizado en la imagen de la portada y en consideraciones del propio Rebaza. La portada es un montaje de un tejido reticular prehispánico y el índice de Front (un magazine radical en 3 lenguas y 3 secciones editoriales: URSS, Europa y USA). Los hilos de la red trenzan con naturalidad los nombres de los escritores de la afamada revista, como queriendo decir en voz alta que modernidad y andinidad se llevan bien, que nombres como Arguedas, Szyszlo, Salazar y Sologuren se pueden entremezclar con otros como Le Corbusier, Wright, Pound, Klee, Ford, Hardy, Mondrian y MacLeod. Y esto que dice la imagen lo manifiesta explícitamente Rebaza cuando habla, con una expresión recogida de Sologuren, de “feliz promiscuidad” (p. 15) entre tradiciones culturales y períodos históricos diversos, o cuando se refiere a la necesidad de los europeos de la postguerra y de los peruanos de las décadas de 1940 y 1950 de afrontar retos semejantes de autodefinición y “redención antropológica” (p.339), o, cuando reitera, en una entrevista para El Comercio (19.05.2017), que su libro “es una propuesta para entender el Perú no como una historia lineal sino más bien como una red tridimensional hecha de hilos y nudos que se cruzan y encuentran.”  Para (re)tejer esa red se apoya Rebaza en sus propios trabajos sobre los autores estudiados y en aportes de M. Canfiel, A. Castrillón, A. Flores Galindo, M. Lauer, W. Ludeña, M. Martos, E. Núñez, J. I. Padilla, R. M. Pereira, G. Rochabrún, M. Senaldi, R. Silva-Santisteban y otros muchos estudiosos. En la larga lista de la bibliografía trabajada llama la atención la ausencia de figuras como A. Cornejo Polar, J. Cotler, G. Gutiérrez, J. Matos Mar, F. Miró Quesada C., A. Quijano, R. Porras y A. Salazar Bondy. Es como si estos y su trabajo intelectual no tuvieran nada que ver con esa “redención antropológica” que, según Rebaza, tuvo que afrontar el Perú a mediados del siglo XX. Hay que añadir, en beneficio del autor, que es el propio Rebaza quien asevera que su trabajo no tiene la pretensión de haber terminado el tejido de la red ni de que su libro sea leído como una historia del arte y la literatura en el Perú de la época estudiada. Lo que sí pretende el libro es replantear el tema de la construcción de lo nacional. A partir de la consideración de que el Perú de las primeras décadas del siglo XX centró la mirada en la construcción del estado-nación desde una perspectiva que acentuaba la difícil articulación dentro/fuera, propio/extraño o tradición/modernidad, la idea de los “ultramodernos” de Rebaza es superar este dilema haciendo prevalecer, a lo Eielson, el principio “multiculturalidad” (que no debería confundirse con el de “interculturalidad”) que acerca y hasta fusiona espacialidades y temporalidades diversas, percibidas antes como incasables. Tema este, digo yo, para un debate mucho más largo y en el que el recurso a autores no trabajados por Rebaza me parece imprescindible. 

Ateniéndose al Marshall Berman de Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad y recogiendo expresiones de los autores estudiados, Rebaza, por un lado, elabora categorías de análisis que traduce a conceptos como modernidad, modernismo, ultramodernidad y contemporaneidad, y, por otro, ofrece una periodización que organiza la historia de la modernidad distinguiendo tres fases: siglos XVI-XVIII, siglos XVIII-XIX y la sociedad de masas del siglo XX. Dentro de esta última distingue “oleadas” para referirse a la manera de darse de la modernidad (más preciso sería decir del “modernismo”) de la década de 1920 en delante. De la mano de Berman, Rebaza entiende por “modernidad” el proceso histórico de la época mencionada; por “modernización”, las fuerzas que hacen posible esa experiencia; y por “modernismo”, su expresión cultural. Con “ultramodernidad”, un término recogido de Eielson, el autor quiere referirse a esa “superaguda modernidad” (p. 23) de la década de 1940 que trata de diferenciarse de las oleadas de la modernidad precedentes, dejando abierta -añado yo- la definición precisa de sí misma. Esta manera imprecisa de autodefinirse hace que la “ultramodernidad” se entienda a sí misma como apertura, una especie de “Lichtung”, a lo Heidegger, de claro en el bosque, de campo abierto en el que caben múltiples moradas para el arte, pudiendo incluso llegarse a la afirmación -en este caso, recordando a Nietzsche- de que no hay objetos sino figuras artísticas, y, por tanto, el mundo se vuelve arte, lo que convierte al autor en prescindible, al menos a la idea romántica de personalidad artista.

A partir de esta aproximación a la estética, Rebaza considera que en el Perú ha habido tres de esas oleadas de modernización cultural: la primera es la de los modernistas de los años anteriores a 1930, quienes buscaron lo atemporal (léase, lo universal) en lo primitivo; la segunda, la de los modernos de la década de 1930, que exploraron el inconsciente colectivo en busca de lo atemporal; y la tercera, la de los autollamados contemporáneos o ultramodernos (Eielson es el paradigma) de después de la guerra mundial, que se alejó de la realidad física (una realidad enlodada por la barbarie totalitaria y belicista) para buscar lo atemporal. Esta última oleada retoma el tema de la nacionalización, pero entendida como componente intrínseco de la dinámica modernizadora, y cree en la posibilidad de expresarse en lenguajes universales (europeas) sin dejar de hablar en peruano. No se trata, por tanto, de modernizar la periferia a la vieja usanza de la ideología del progreso, es decir, siguiendo, algunos pasos más atrás, la huella dejada en el camino por la vieja Europa. Lo que se quiere es una modernidad que tolere ser hablada en muchas lenguas, que, como el arte, habite diversas moradas y ya no solo formales y lingüísticas sino hasta históricas. Esta apuesta por una modernidad polifónica, multilingüe y capaz de encontrarse a sí misma tanto en la contemporaneidad como en etapas históricas dadas por pasadas, sí constituye una ruptura de hondo calado con respecto al dilema tradicional de la prédica modernizadora: o tradición o modernidad, o indígena o hispánico, o esa amalgama aforme bautizada como mestizaje. 

Después de esta aproximación a los recursos conceptuales y a las pincelas históricas del texto que comentamos, queda claro que el autor se sitúa en un campo relativamente reducido del amplísimo debate histórico-conceptual que sobre la modernidad desató Nietzsche ya en el siglo XIX, enriquecieron Weber y Heidegger en las primeras décadas del XX y -saltando referencias- llegó a las últimas décadas del siglo pasado con resonancias postmodernas y deconstructivistas, e incluso sigue presente en nuestro siglo con los aportes de Bauman y su “modernidad líquida”, para referirme solo a una tendencia. Lo que quiero decir es que un tratamiento de la modernidad cultural en el Perú no debería dialogar solo con las propuestas al respecto planteadas en Estados Unidos, Inglaterra y Francia. El universo, a este respecto, es mucho más rico. Me pregunto, para hacer caer en la cuenta de algunos vacíos, si es posible hablar de modernismo sin referirse a los debates iniciales centroeuropeos (Bloch, Lukács, Brecht…), ni a la rica “querella” modernidad / postmodernidad, ni a los atinados análisis de E. W. Said, ni a las propuestas que nos vienen de los teóricos de la subalternidad, etc. Llama la atención -y ello muestra que el tejido de la red tiene demasiados agujeros- que no se dialogue con nuestra propia producción (por ejemplo, La polémica del vanguardismo: 1916-1928 de M. Lauer), que el modernismo sea un asunto casi exclusivamente limeño, que no se discutan las propuestas de los teóricos de la liberación y, particularmente, de la colonialidad del saber y del poder de Quijano. Puede argüirse que el libro está centrado en el modernismo y no en la modernidad ni en la modernización, pero este argumento lo único que haría sería poner de manifiesto la inconveniencia de partir fundamentalmente de una sola perspectiva teórica e histórica, la de M. Berman.


Las atingencias mencionadas no le restan méritos al proyecto de Rebaza ni al último de sus avances, el libro De ultramodernidades y sus contemporáneos. Rebaza trabaja una época particularmente rica, que está siendo “narrada” (G. Guzmán, J. C. Agüero, R. Cisneros, J. C. Yrigoyen, R. Tola…), pero, hasta ahora, insuficientemente estudiada. El texto de Rebaza es, a mi entender, valioso, al menos, por tres razones: la abundancia y especialmente la calidad de la información que aporta, la innovadora metodología (reticular) de aproximación a una realidad compleja sin la pretensión de desmadejarla ni de entregárnosla en hilachas sueltas, y una perspectiva de análisis que pone nuevamente en agenda el transitado tema de lo nacional, pero, esta vez, para ser pensado polifónicamente (reticularmente, diría el autor), casi como un inacabado (e inacabable) juego de lenguajes, espacios y temporalidades, en el que lo moderno se tutea con lo antiguo y lo propio no se avergüenza de habitar moradas de más allá de sus estrechas y ya obsoletas fronteras.

28 ago. 2017

Educación y patrón de sociedad


Carta de José Ignacio López Soria

A juzgar por los últimos acontecimiento pareciera que el problema educativo se centra en si va o no el inciso c del artículo 53 de la Ley de Reforma Magisterial: no aprobar por tercera vez la evaluación de desempeño es causa de retiro de la carrera.
El mencionado inciso se puede dejar como está o se puede morigerar e incluso eliminar, pero la educación seguirá siendo la cenicienta en los presupuestos y la última de las preocupaciones políticas mientras sigamos con un “patrón de sociedad” que no necesita educación de calidad. Que no busca calidad efectiva, sino solo cacareada.
Lo cierto es que el “patrón de sociedad” que mantenemos en “piloto automático” no insume educación de calidad ni en el mundo de la política ni en el de la economía. Lo que sí hace ese patrón es afincar una contradicción entre los ámbitos político y económico, de un lado, y el educativo, del otro.
De los primeros diríase que “todo está permitido”, por eso imperan alli la improvisación, el privilegio, el rentismo, el privatismo, la inequidad, cuando no la corrupción; mientras que en el mundo de la educación se están introduciendo, con variable éxito, las prácticas de la meritocracia y la innovación.
Es decir, estamos tratando de que la educación se “ponga al día”, y ello es fundamental, pero, al mismo tiempo, permitimos que la política y la economía sigan en prácticas primitivas, como el clientelismo político y la centración económica en la exportación primaria.
Mientras exigimos, y con razón, que la educación juegue en primera división, nos aferramos a un patrón social (político y económico) de tercera división. Con una educación realmente de calidad y asentada en principios éticos tendríamos al final un mundo adulto sobrecalificado para una realidad política y económica tan chata como la nuestra.
Naturalmente no pretendo que la nivelación sea por abajo. No es que haya que arriar las banderas del mejoramiento educativo para acomodar la educación a la chatura de la política y la economía. [Pero lo que sí hay que hacer, precisamente para que los esfuerzos por la pertinencia y calidad de la educación tengan sentido y sean sostenibles, es olvidarnos del “piloto automático” y tomarnos en serio la ineludible necesidad de diseñar y llevar a la práctica un patrón social (político y económico) que realmente se alimente de educación de calidad. Se constituiría así una coherencia interna entre educación, política y economía que es la mejor garantía de que las cosas marchen como es debido.]
Otro gallo cantaría, digo yo, si se pensase la solución no solo del petitorio del magisterio en huelga, sino de los problemas que la huelga pone al descubierto, a la luz de una concurrencia mutuamente potenciadora entre educación, política y economía.


N.B.: Entre corchetes [ ] lo no incluido, por razones de espacio, en el texto aparecido en La República, Lima, 28 ago. 2017, p. 4.

18 ago. 2017

The peruvianism of Ádám Anderle


José Ignacio López Soria

Published in: Bulletin. Casa Museo José Carlos Mariátegui. Lima, (95), p. 14-16, May-July 2917.

Studies on Latin America in Hungary have a long history. They were carefully cultivated in the 1960s at the University of Economic Sciences "Karl Marx" in Budapest, at the University of Science "Loránd Eötvös" in Budapest, in the area of ​​language and literature, under the leadership of Professor Matyás Horányi, and at Józef Attila University of Science in Szeged in the area of ​​history, on the initiative and under the guidance of Professor Tibor Wittman. Professor Wittman died soon, but he had enough time to strengthen the Latin American history area, write a synthesis of our history -which I had the pleasure of translating into Spanish -, strengthen the Acta Historica series with Latin American themes, and, specially, to form some notable disciples, among whom stands out Ádám Anderle. Professor Anderle, who left us a few months ago, followed in the footsteps of his teacher, continued with the formation of specialists in American history, expanded the topics of work and research, promoted studies in Castilian linguistics in Szeged, strengthened the studies of our America in Europe forming networks of academic centers, and what is fundamental for us, he was a man in love with Peru and especially the work of José Carlos Mariátegui.

The academic production of Anderle is very broad. Some titles of his first works: The Peruvian agrarian problem in the years of 1920; The fundamental features of Apra's ideology at the time of the party's creation (1928-1932); Communists and Apristas in the thirties in Peru (1930-1935); Political movements in Peru between the two world wars; National consciousness and continentalism in Latin America in the first half of the twentieth century; The beginnings of the Cuban labor movement; The kuraka in colonial society; J.C. Mariátegui and the Peruvian labor movement in the 1920s. This last work was a lecture at the conference that Professor Anderle organized in Szeged in honor of Mariátegui in October 1975, and in which other prominent schplars of Peruvian subjects such as György Kerekes participated, "José Carlos Mariátegui, outstanding thinker of Latin America"; András Gulyás, "The indigenous problem in the literature of the 1920s and Mariátegui's Marxist conception"; and Zoltan Kollár, "Foreign Capital and Underdevelopment in Latin America."

I also remember with affection and gratitude the support that Ádám Anderle gave to my wife, Malena Salas, for the preparation and presentation at the University of Szeged of his work on the commercial relations between Hungary and Latin America from the late nineteenth and early twentieth centuries, to obtain a doctorate in history.

As examples of Professor Anderle's dedication to the study of Peru's history, I will briefly mention two of his works. In "Communists and Apristas in the Thirties in Peru (1930-1935)", published in 1978, Ádám Anderle presents, firstly, the influence of the world crisis on the Peruvian economy and its consequences on living and working conditions of the working class. Unemployment in mining in the central region and in Lima and Callao sharpened the social movement. These areas became the main scene of action of the organized workers. The CGTP (General Confederation of Peruvian Workers), formed shortly before, played a fundamental role in the promotion, organization and articulation of the social movement. Anderle then refers to the strike in Morocha in 1929 and its successful results not only for the benefits obtained but for the impetus she gave to the workers' organization in the central highlands and their relations with Lima groups led by Mariategui. Meanwhile, Leguia's government staggered, the masses and the middle sectors occupied the streets and the traditional ruling class was unable to organize or elaborate a proposal to exit the crisis. In these circumstances, a sector of the Army, with Sánchez Cerro at the head, gives a coup d'État that establishes temporarily a military government. Of this process Anderle emphasizes several aspects that I consider important: the efforts of socialists and Apristas to organize trade unions (CGTP and CTP), the articulations between the proletarian and peasant movements, the coincidences with the student movement, the importance given to the formation of the working classes (Popular Universities and Workers and Peasants Schools), the unfortunate directives emanating from the South American Bureau of the Comintern, the successes of the organizers of APRA abroad. It should also be noted that Professor Anderle, in this study, is one of the first to draw attention to the presence in Peru of fascism as an ideology and as a political organization.

The second paper, published in Hungarian in 1976 and titled "J. C. Mariátegui és a perui munkásmozgalom az 1920-as években "(J. C. Mariátegui and the Peruvian labor movement in the 1920s"), Professor Anderle analyzes the political problems of the time and studies in particular the work of Mariátegui in the formation of class conscience of workers between 1923 and 1926. Before, however, briefly presents the movement of workers and craftsmen and their anarchist and libertarian orientation of the first two decades of the twentieth century, as well as the university reform movement between 1919 and 1923. After that, Anderle highlights the importance of the cycle of lectures on the history of the world crisis and its connection with the emergence of fascism offered by Mariátegui from July 1923 to January 1924. On the other hand, it deals with the publications Claridad, La Protesta and El Obrero Textil. Among the sources on which Anderle's study is based, we can mention the historiographical works of well-known authors such as J. Basadre, P. Klaren, V. Kapsoli, R. Martinez de la Torre and others, as well as magazines, newspapers, pamphlets and leaflets of the time and, of course, the writings of Mariátegui. 

Unfortunately, Ádám left us before we could imagine, but, like his teacher Tibor Wittman, left us his work as an inheritance and had the wisdom to be forming throughout his teaching and research work a handful of young people who do not lack enthusiasm and ability to continue and expand the work of their teachers.

8 ago. 2017

El peruanismo de Ádám Anderle

José Ignacio López Soria

               Publicado en: Boletín. Casa Museo José Carlos Mariátegui. Lima, (95), p. 14-16, mayo-julio 2917.

Los estudios sobre América Latina en Hungría tienen ya una larga historia. Se cultivaron con esmero en la década de 1960 en la Universidad de Ciencias Económicas “Karl Marx” de Budapest, en la Universidad de Ciencias “Loránd Eötvös” de Budapest, en el área de lengua y literatura, bajo el liderazgo del profesor Matyás Horányi, y en Universidad de Ciencias “József Attila” de Szeged en el área de historia, a iniciativa y bajo la conducción del profesor Tibor Wittman. El profesor Wittman murió pronto, pero tuvo el tiempo suficiente para fortalecer el área de historia de América Latina, escribir una síntesis de nuestra historia -que tuve el gusto de traducir al castellano-, fortalecer la serie Acta Historica con temas latinoamericanos, y, sobre todo, formar a algunos discípulos notables, entre los cuales sobresale Ádám Anderle. El profesor Anderle, quien se nos ha ido hace unos meses, siguió los pasos de su maestro, continuó con la formación de especialistas en historia de América, amplió los temas de trabajo y de investigación, promovió los estudios de lingüística castellana en Szeged, fortaleció los estudios sobre nuestra América en Europa formando redes de centros académicos, y, lo que es fundamental para nosotros, era un hombre enamorado del Perú y especialmente de la obra de José Carlos Mariátegui.

La producción académica de Anderle es muy amplia. Algunos títulos de sus primeros trabajos: El problema agrario peruano en los años de 1920; Los rasgos fundamentales de la ideología del Apra en el tiempo de la creación del partido (1928-1932); Comunistas y apristas en los años treinta en el Perú (1930-1935); Movimientos políticos en el Perú entre las dos guerras mundiales; Conciencia nacional y continentalismo en América Latina en la primera mitad del siglo XX; Los comienzos del movimiento obrero cubano; El kuraka en la sociedad colonial; J.C. Mariátegui y el movimiento obrero peruano en los años 1920. Este último trabajo fue una ponencia en la conferencia que el profesor Anderle organizó en Szeged en homenaje a Mariátegui, en octubre de 1975, y en la que participaron otros destacados peruanistas como György Kerekes, “José Carlos Mariátegui, sobresaliente pensador de América Latina”; András Gulyás, “El problema indígena en la literatura de los años 1920 y la concepción marxista de Mariátegui”; y Zoltán Kollár, “El capital extranjero y el subdesarrollo en América Latina”.

Recuerdo, además, con afecto y agradecimiento el apoyo que, como director de tesis, dio Ádám Anderle a mi esposa, Malena Salas, para la elaboración y presentación en la Universidad de Szeged de su trabajo, sobre las relaciones comerciales entre Hungría y América Latina de fines del siglo XIX y comienzos del XX, para la obtención del doctorado en historia.

Como muestras de la dedicación del profesor Anderle al estudio de la historia del Perú me referiré brevemente a dos de sus trabajos. En “Comunistas y apristas en los años treinta en el Perú (1930-1935)”, publicado en 1978, Ádám Anderle presenta, en primer lugar, la influencia de la crisis mundial en la economía peruana y sus consecuencias en las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera. El desempleo en la minería de la región central y en Lima y Callao agudizó el movimiento social. Estas zonas se convirtieron en el principal escenario de actuación de los trabajadores organizados. La CGTP, formada poco ante, desempeñó entonces un papel fundamental en la promoción, organización y articulación del movimiento social. Se refiere después, Anderle, a la huelga en Morocha en 1929 y sus exitosos resultados no solo por los beneficios obtenidos sino por el impulso que ella dio a la organización de los trabajadores en la sierra central y sus relaciones con los grupos de Lima impulsados por Mariátegui. Mientras tanto, el gobierno de Leguía se tambaleaba, las masas y los sectores medios ocupaban las calles y la tradicional clase dominante no lograba organizarse ni elaborar una propuesta de salida de la crisis. En estas circunstancias, un sector del Ejército, con Sánchez Cerro a la cabeza, da un golpe de Estado que instaura transitoriamente un gobierno militar. De este proceso destaca Anderle varios aspectos que me parecen importantes: los esfuerzos de socialistas y apristas por la organización sindical de los trabajadores (CGTP y CTP), las articulaciones entre el movimiento proletario y el campesino, las coincidencias con el movimiento estudiantil, la importancia atribuida a la formación de las clases trabajadores (Universidades Populares y Escuelas Obreras y Campesinas), las desacertadas directivas emanadas del Bureau Sudamericano de la Komintern, los éxitos organizativos de los apristas en el extranjero, etc. Es de notar, además, que el profesor Anderle, en este estudio, es de los primeros en llamar la atención de la presencia en el Perú del fascismo como ideología y como organización política.

El segundo trabajo, publicado en húngaro en 1976 y titulado “J. C. Mariátegui és a perui munkásmozgalom az 1920-as években” (J.C.Mariátegui y el movimiento obrero peruano en los años 1920”, el profesor Anderle analiza los problemas políticos de la época y estudia particularmente el trabajo de Mariátegui en la formación de la conciencia de clase de los trabajadores entre 1923 y 1926. Antes, sin embargo, presenta brevemente el movimiento de obreros y artesanos y su orientación anarquista y libertaria de las dos primeras décadas del siglo XX, así como el movimiento de reforma universitaria entre 1919 y 1923. Resalta luego la importancia del ciclo de conferencias que sobre la historia de la crisis mundial y su enlace con el surgimiento del fascismo ofreciera Mariátegui de julio de 1923 a enero de 1924. Por otra parte, se ocupa de las publicaciones Claridad, La Protesta y El Obrero Textil. Entre las fuentes en las que se basa el estudio de Anderle cabe mencionar los trabajos historiográficos de conocidos autores como J. Basadre, P. Klaren, V. Kapsoli, R. Martínez de la Torre y otros, además de revistas, periódicos, folletos y volantes de la época y, por cierto, los escritos de Mariátegui.

Desgraciadamente Ádám se nos fue antes de lo imaginable, pero, como su maestro Tibor Wittman, nos dejó su obra como herencia y tuvo la sabiduría de ir formando a lo largo de su trabajo docente y de investigación a un puñado de jóvenes a quienes no les falta entusiasmo ni capacidad para continuar y ampliar la labor de sus maestros.