UNIVERSIDAD Y RECONCILIACIÓN CON LA DIVERSIDAD CULTURAL
Ponencia en el seminario
internacional: “Estrategias de inclusión en la educación superior” 22-23 mayo 2006. Organización: Fundación
Equitas (Chile) e Instituto de Estudios Peruanos (Perú). Auspicio: Fundación
Ford. Publicado en: Díaz-Romero, Pamela (ed.). Caminos para la inclusión en educación superior. Lima: Fundacion
Equitas / OEI, 2006, p. 174-189.
El tema de la interculturalidad es un asunto mayor de la sociedad peruana y, particularmente, de la educación en el Perú. La sociedad oficial, en general, y la educación, en particular, no han sabido hasta ahora reconciliarse con la diversidad (cultural, lingüística, biológica, geográfica, etc.) que enriquece al país. La diversidad ha sido entendida como una seria desventaja para construir la homogeneidad que requiere el estado-nación tradicional. Por eso, los esfuerzos, cuando se han hecho, han sido orientados a un tipo de inclusión que suponía la neutralización de la diversidad de lo incluido.
Es
preciso anotar desde el principio que el asunto de la diversidad tiene ver no
sólo con el subsistema de producción y difusión de conocimientos y de provisión
de competencias para el trabajo, es decir con el subsistema escolar, sino, en
general, con la vida cotidiana, todos los subsistemas sociales y esferas de
Estamos,
pues, ante un problema de enorme envergadura y trascendencia que exige un
abordaje holístico, además de sectorial, porque tiene que ver no sólo con el
funcionamiento del modelo societal sino con el diseño mismo de dicho modelo. Es
decir, lo que está aquí en juego no son sólo las patologías (exclusión,
inclusión neutralizante, etc.) producidas en el camino de construcción de una
sociedad declarativamente inclusiva, sino el diseño mismo de sociedad que nos
viene de antiguo.
No
es éste el lugar para abordar el tema desde una perspectiva holística, porque
se nos ha convocado para reflexionar y debatir sobre interculturalidad y
universidad, pero quiero dejar apuntado que la racionalidad moderna, tanto en
su versión emancipadora como en la instrumental, que sirve de basamento al
modelo y le provee de instrumentos teóricos y procedimentales para su
realización, está en el fondo de la preferencia por la homogeneidad y de la
incapacidad para asumir y valorar la diversidad.
En
mis escritos de los últimos años[1],
me he atrevido a proponer que, para pensar la actualidad en términos de
convivencia digna y enriquecedora de lo diverso, es preciso que nos despidamos
del englobante discurso moderno y nos arriesguemos a diseñar y construir una
socialidad en la que las diversidades tomen la palabra, es decir una
convivencia en la que quepamos todos sin necesidad de renunciar ni ser
despojados de nuestras propias pertenencias.
Después de este encuadramiento general del problema, abordaré el tema propuesto refiriéndome, en primer lugar, a la presencia de la interculturalidad en los documentos básicos de política educativa y de investigación, y en la praxis universitaria y el debate sobre la universidad, propondré luego los conceptos centrales, y terminaré con una reflexión propositiva para incorporar de manera más significativa la interculturalidad al quehacer universitario.
2. La interculturalidad en los documentos de política educativa y de investigación
La
ley n° 28044 o “Ley General de
Educación”, que, como dice en su artículo 1°, “Rige todas las
actividades educativas realizadas dentro del territorio nacional, desarrolladas
por personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, nacionales o
extranjeras.”, establece que el sistema
educativo se sustenta, entre otros, en el principio de la interculturalidad
“...que asume como riqueza la diversidad cultural, étnica y lingüística del
país, y encuentra en el reconocimiento y respeto a las diferencias, así como en
el mutuo conocimiento y actitud de aprendizaje del otro, sustento para la
convivencia armónica y el intercambio entre las diversas culturas del mundo.”(
Art. 8°, f). Y señala, entre los fines, el de
“Contribuir a formar una sociedad democrática, solidaria, justa,
inclusiva, próspera, tolerante y forjadora de una cultura de paz que afirme la
identidad nacional sustentada en la diversidad cultural, étnica y lingüística,
supere la pobreza e impulse el desarrollo sostenible del país y fomente la
integración latinoamericana teniendo en cuenta los retos de un mundo
globalizado.” (Art. 9°, b)
En las
disposiciones generales, al tratar sobre la equidad,
La legislación es clara: la
interculturalidad es un principio que rige para todo el sistema, mientras que
Ateniéndose al espíritu de
El “Plan nacional de ciencia, tecnología e innovación para la competitividad y
el desarrollo humano 2006-2021 (PNCTI)”, aprobado el 17 de
enero de 2006 (Decreto Supremo n° 001-2006-ED), es “...el instrumento de
propuesta y ejecución de la política nacional de ciencia, tecnología e
innovación tecnológica ...”[4] Al hacer el diagnóstico
del contexto internacional, el PNCTI señala que “Existe ...una creciente
corriente de opinión, aún minoritaria pero importante, para valorar la
diversidad cultural como una riqueza a conservar y estimular. En este marco se
encuentra el patrimonio, abundante en el Perú, de conocimientos tradicionales
de grupos étnicos, generalmente marginados.”[5] Y, con respecto al Perú,
indica que “El saber tradicional ha mantenido su vigencia a lo largo del
tiempo, poniendo en evidencia su integración orgánica en la realidad local,
siendo ese saber compatible con el conocimiento moderno, hecho que se constata
en el empleo de conocimientos ancestrales en los actuales procesos productivos
y en la organización comunitaria para el trabajo. Aunque las tecnologías
tradicionales están siendo revaloradas en el marco de los enfoques
multiculturales, se encuentran amenazadas de perderse o debilitarse debido a la
influencia de mecanismos de protección de la propiedad intelectual colectiva de
las comunidades nativas.”[6]. A esto se añade que la
institucionalidad de los conocimientos y tecnologías tradicionales es muy
diversa y dispersa y, en cualquier caso, débilmente asociada a los esfuerzos
del Estado en materia de ciencia, tecnología e innovación[7]. A la variada riqueza hay
que añadir la gran diversidad de recursos naturales, que, como es sabido, es
una de las mayores ventajas comparativas frente a otras economías.
Entre los principios rectores del
Plan figuran la reducción de la exclusión social y la valoración de la
multiculturalidad[8],
y entre las prioridades la de desarrollar las ciencias sociales porque permiten
valorar nuestras raíces culturales y contribuyen a vincular el conocimiento
local, autóctono o adquirido, con la dinámica de la sociedad del conocimiento[9].
El segundo objetivo específico del
Plan, que dirige la acción del SINACYT hacia la investigación científica y
tecnológica orientada a la solución de problemas y satisfacción de demandas en
las áreas estratégicas prioritarias del país, establece como estrategia “Promover
e impulsar la investigación orientada al rescate y valorización del
conocimiento tradicional.”[10], para lo cual señala como
líneas de acción la promoción de estudios para documentar y aprovechar los
conocimientos tradicionales e identificar a las poblaciones que los originaron
y la protección sus derechos de propiedad intelectual.
Nos
encontramos, pues, nuevamente ante un dispositivo legal que regula el quehacer
científico-tecnológico en todo el sistema y que incorpora, a su manera, la
interculturalidad y la multiculturalidad.
Si a
los documentos oficiales que acabamos de reseñar añadiésemos otros como el Acuerdo
Nacional, la ley del Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico y del Centro
Nacional de Planeamiento Estratégico y su reglamento, el Plan Nacional de
Descentralización, etc. advertiríamos que la interculturalidad y la
multiculturalidad y, en general, el derecho a la diversidad cultural, forman,
finalmente, parte de la agenda política del Perú, para no hablar de la agenda
internacional, especialmente en el caso de organismos internacionales -como la
3. La interculturalidad y la
universidad actual
En
general puede decirse que la universidad peruana no se ha puesto aún al día en
el tema de la interculturalidad: no ha asumido plenamente todavía la
responsabilidad que le toca desempeñar a este respecto. Sin embargo, el tema
está ya instalado en la práctica académica de algunos docentes y estudiantes y
en el debate sobre la universidad.
Algunos
profesores de filosofía, antropología, sociología, lingüística, educación,
zootecnia, ingeniería agrícola, biología, medicina, etc. vienen trabajando el tema de la diversidad desde
hace varios años e incorporando la perspectiva intercultural en su praxis
universitaria. Son destacables, por ejemplo, los avances de los lingüistas para
recuperar y sistematizar las lenguas autóctonas, de los educadores en la
elaboración de materiales y la formación de maestros para
Aunque
tímida e insuficientemente desarrollado, el tema de la interculturalidad
comienza a asomar también en los debates actuales sobre
La
Oficina de Coordinación Universitaria del Ministerio de Educación, conducida y
animada por Zenón Depaz, se ha constituido en los últimos años en promotora y
facilitadora del debate sobre
En el
mencionado Informe 2005 se habla de identidad plural, de pluriculturalidad,
de “...valoración positiva de la diferencia, vista no como una situación
defectiva que conduzca a la descalificación del otro, sino como fuente de
enriquecimiento mutuo.”[14].
Se propone un “...diálogo fecundo de discursos y perspectiva diversas, tarea
esta de honda repercusión en nuestras posibilidades de desarrollo como
comunidad multicultural.”[15]
Se afirma incluso que, en un país tan rico en diversidades como el Perú, “...la
posibilidad de orientar nuestra mirada hacia horizontes de suficiente amplitud
para albergar aquellas diferencias es una cuestión que decidirá la viabilidad
de una vida colectiva digna y próspera.”[16]
Se considera, además, que, para seguir
desarrollando las tradiciones democráticas de la universidad y de la sociedad,
es necesario “...valorar y cultivar, más que simplemente ‘tolerar’, las
diferencias que nos enriquecen mutuamente.”[17]
Y se asigna a la universidad la tarea de “...tematizar con sentido crítico
los horizontes de sentido en que discurre la acción.”[18]
Al
plantear las conclusiones, el Informe 2005 insiste en el divorcio entre
la universidad y la diversidad cultural propia del país y considera que las
matrices epistémicas adoptadas por la universidad “...impidieron el rescate
y desarrollo del rico bagaje de conocimientos, prácticas y sentidos de vida
presentes en nuestras culturas, bloqueando así o distorsionando severamente el
desarrollo de líneas de investigación y formación profesional de mayor pertinencia.”[19]
Propone, por tanto, que para enrumbar la universidad hacia el logro de la
calidad y la pertinencia debidas es preciso discutir a fondo el estatuto del
conocimiento que la universidad produce o reproduce, prestando especial
atención a “... los presupuestos e implicancias de nuestra condición de país
multicultural ...”[20]
Baste
esta breve reseña, que no desconoce, por cierto, otros aportes individuales y
grupales[21], para advertir que la toma
de conciencia de la diversidad y perspectiva de la interculturalidad están ya
presentes tanto en la praxis universitaria como en el debate sobre la
universidad, pero no informan todavía el quehacer universitario en su
conjunto.
4. Conceptos
centrales
Lo
primero que ha hecho la academia es tratar de definir los términos centrales
que se utilizan en los análisis, reflexiones y debates sobre
El
término multiculturalidad es
utilizado preferentemente para describir una situación en la que conviven
varias culturas. Éste es el caso de la mayor parte de las sociedades. Vivimos
en entornos cada vez más multiculturales. Pero la convivencia no necesariamente
es armónica; suele ser frecuentemente conflictiva. Las diversas culturas que
pueblan un mismo entorno pueden no respetarse mutuamente, ni atribuirse
recíprocamente el mismo valor, ni reconocerse recíprocamente la capacidad de
creación cultural. Se habla de multiculturalidad cuando la convivencia entre
las culturas es, al menos, recíprocamente respetuosa. La
El
término mestizaje, transportado
de la biología, remite esencialmente a mezcla de componentes culturales
de diversa procedencia. Sabemos que históricamente este concepto ha sido
utilizado para embellecer el choque violento de culturas, generalmente por los
autores y beneficiarios de ese choque. En el caso concreto del Perú, la
“ideología” del mestizaje se remonta a Bartolomé Herrera, quien justificó
teológicamente la conquista aduciendo que los conquistadores eran instrumentos
de la divinidad para la cristianización de las poblaciones indígenas y entendió
la supuesta síntesis producida por la colonización en términos de la
construcción de un Perú “español y cristiano”.
El
concepto de interculturalidad
remite esencialmente a un diálogo fecundo y mutuamente enriquecedor entre
culturas diversas. Tres elementos constituyen el punto de partida: el respeto
mutuo, el reconocimiento recíproco de la capacidad de creación cultural y la
existencia de condiciones de igualdad para el desarrollo de cada cultura. A
estos elementos se añade una voluntad de comunicación, de apertura al otro, sin
pérdida de las propias pertenencias. Subyacen a esta apertura algunas
consideraciones histórico-filosóficas como las siguientes: toda cultura es sólo
particular, ninguna cultura agota la posibilidad humana, la humanidad no ha
autorizado a ninguna cultura a hablar en su nombre, la relación con la propia
cultura es electiva y no imperativa, la relación con otras culturas enriquece a
la cultura propia, toda cultura relativamente duradera es un espacio de
producción de formas de vida y de provisión de sentido e identidad, etc. De
estas consideraciones se derivan determinados derechos que se conocen como
derechos culturales y que conllevan la obligación de respetarlos y protegerlos.
Uno de ellos es el derecho a que la propia lengua sea la lengua de la vida
pública –de la educación, de la comunicación social, de la administración, de
los sistemas simbólicos, etc.- y no sólo de la vida privada y familiar.
En
contextos multiculturales, que son cada vez más frecuentes en la vida
contemporánea, la interculturalidad se constituye, pues, en una idea regulativa
o principio normativo que debería regir el comportamiento de los individuos,
los colectivos sociales, las instituciones y los estados.
5. Apuntamientos
propositivos
Si bien
los principios son claros, la organización de la vida desde la perspectiva de
la interculturalidad no es nada fácil porque somos herederos de un mundo en el
que han predominado el principio de la unidad y las estrategias de homogeneización,
practicadas frecuentemente de manera coercitiva, con su “natural” secuela de exclusión,
marginación, indiferencia, opresión, inclusión neutralizante, etc.
¿Es
acaso practicable el principio de la interculturalidad en una institución como
la universidad que se precia de ubicarse, cuando asume responsablemente su
misión, en la punta del conocimiento y a la que se le exige que provea de
competencias para un desempeño diestro en entornos globalizados? Ensayaré en lo
que sigue de proponer algunas vías para la incorporación del principio de la
interculturalidad como idea regulativa de la política y del quehacer
universitarios.
5.1 Acceso y progreso
Una primera vía
podría ser facilitar, mediante una “acción afirmativa”, el acceso a la universidad y el progreso dentro de ella a los
grupos sociales que tienen más dificultades para ello por razones culturales.
El derecho antidiscriminatorio, basándose en el principio de la igualdad,
entiende por “acción afirmativa” –llamada
también “discriminación positiva” o “acción positiva”- el establecimiento de
políticas que dan a un determinado grupo social, que históricamente ha sufrido
discriminación a causa de injusticias sociales, un trato preferencial en el
acceso o distribución de ciertos recursos, servicios o bienes sociales. La
educación universitaria es un bien social y, por tanto, debería facilitarse la
apropiación de este bien a quienes tienen mayores dificultades para acceder a
él por razones lingüísticas y culturales. La facilidad tendría que ver tanto
con el acceso a la institución universitaria como con el progreso dentro de
ella. Si bien es cierto que esta “acción afirmativa” no asegura por sí misma la
vigencia del principio de la interculturalidad en la universidad, al menos es
condición necesaria para ello porque contribuye a que la universidad sea
poblada por la diversidad cultural que nos caracteriza como sociedad. Hay que
añadir, finalmente, que no basta con la tradicional gratuidad de la enseñanza
pública para asegurar esa presencia. La gratuidad facilita el progreso dentro
de la institución pero no el acceso a ella, y además lo hace para sectores
sociales de escasos recursos económicos pero no para quienes pertenecen
culturalmente a las culturas no dominantes.
5.2 Presencia de las lenguas
Pero
no basta la presencia de personas de diversas culturas en la universidad para
que ésta se atenga al principio de
En el
caso peruano, la complejidad del
problema se acrecienta si se tiene en cuenta, primero, que las lenguas habladas
en el país son más de 40 y que algunas de ellas son propias de un reducido
número de personas; segundo, que venimos de una tradición de discriminación de
las lenguas aborígenes, que lleva incluso a los propios parlantes de esas
lenguas a rechazar la educación en ellas; y tercero, que esas lenguas, como
consecuencia precisamente de la discriminación de la que han sido y son
objeto, carecen de los recursos
lingüísticos necesarios para el aprendizaje profesional y académico de alto
nivel. Podría, sin embargo, pensarse en políticas que promoviesen y facilitasen
la presencia en la universidad de, al menos, las tres lenguas mayoritarias: el
castellano, el quechua y el aymara. Pero esas políticas tendrían que estar
asociadas a políticas generales de valoración y desarrollo de la diversidad
lingüística y a políticas específicas para la educación básica.
Una
manera de abordar el problema, en el caso de la universidad, podría ser una
“acción afirmativa” a favor de la creación de unidades académicas y
profesionales –comenzando con facultades y escuelas profesionales dentro de
algunas universidades- en lenguas aborígenes, en las que el castellano fungiese
como segunda lengua. Sería importante que esas unidades académicas y
profesionales no estén dedicadas sólo a capacitar a maestros rurales, como de
hecho lo hacen algunos centros de formación magisterial, sino, en general, a
proveer de competencias para el ejercicio de, al menos, aquellas profesionales
y perfiles académicos que son imprescindibles para el desarrollo de las
culturas y de los pueblos tradicionalmente discriminados.
Una
segunda “acción afirmativa” podría estar orientada a favorecer enfáticamente la
apropiación de las lenguas aborígenes y de ciertas vigencias culturales por
parte, al menos, de quienes después van a desempeñarse profesional o
académicamente en entornos lingüísticos predominantemente no castellanos. Se conseguiría,
así, no sólo facilitar la comunicación desde el respeto y la valoración de lo
diverso, sino promover el intercambio de saberes y experiencias, y, en general,
crear espacios de diálogo intercultural que promuevan la autoestima de los
dialogantes y robustezcan las vinculaciones sociales.
5.3 Teorización de la interculturalidad
Además
de facilitar el acceso y el progreso a los tradicionalmente exclusivos y se
incorporar sus lenguas al quehacer universitario, la universidad tendría que tematizar el asunto de la interculturalidad para
fundamentar y enriquecer sus contenidos teóricos, elaborar desde él ideas
regulativas y normas, diseñar y desarrollar formas de presentación simbólica, y
pensar mecanismos para su incorporación a la vida cotidiana y a los subsistemas
sociales (políticos, productivos, de intercambio, de seguridad, de poblamiento,
de comunicación social, de producción y difusión de conocimientos, etc.). La
universidad debería ser no sólo un lugar de aplicación y ejercicio práctico del
principio de la interculturalidad –a lo que apuntan las anotaciones anteriores-
sino, como ocurre con otras variables fundamentales de la actual convivencia
humana (los derechos humanos en general, la equidad de género, la vigilancia
ecológica, la innovación tecnológica, la sociedad de la información y las
telecomunicaciones, los procesos de globalización, la organización regional,
las vinculaciones macro-regionales, etc.), un taller permanente de elaboración
y propuesta que permita que la teoría de la interculturalidad y las estrategias
para su debida apropiación por la sociedad vayan creciendo al ritmo de las
complejas y variantes condiciones de vida de la actualidad.
5.4 Reconciliación con la diversidad
Finalmente,
para atenerse al principio de la interculturalidad, la universidad tendría que
enrumbarse por las vías de la reconciliación
con la diversidad cultural que enriquece a la sociedad peruana, sin menoscabo,
por cierto, de su apertura a la riqueza humana. Para ello necesita apropiarse y
desarrollar las cosmovisiones, saberes y conocimientos llamados
“tradicionales”, así como los sistemas simbólicos, las formas y sistemas de
organización social y la experiencia acumulada de relación con el entorno,
incorporando todos estos aspectos al
quehacer universitario (docencia, investigación, innovación, producción
cultural, etc.). Como lo es, en principio, para la cultura occidental, la
universidad tendría que ser el taller de elaboración, transmisión y recreación
de las diversas culturas y formas de vida que pueblan el Perú.
Se
conseguirían así varios objetivos:
·
Todos los universitarios, y no
sólo algunos, verían la universidad como un espacio propio de enriquecimiento
sin pérdida de sus pertenencias culturales.
·
Cada universitario podría luego
reincorporarse, debidamente enriquecido, a su hábitat cultural y trabajar por
su desarrollo con actitudes e instrumentos teóricos y prácticos que se condigan
con las lógicas y dinámicas de la sociedad de procedencia.
·
El paso por un entorno formativo
intercultural llevaría a los estudiantes, primero, a tomar conciencia del
carácter particular y no universal de su propia cultura; segundo, a entrenarse
en el diálogo intercultural partiendo del respecto y la valoración de las otras
culturas; y tercero a apropiarse de la interculturalidad como principio rector
y estrategia de vida, convirtiéndose así en promotores y facilitadores de la
convivencia intercultural en cualquier ambiente que luego desarrollasen su
actividad profesional o académica..
·
Todas las culturas, y no sólo una,
asumirían la universidad como su propio laboratorio de sistematización y
recreación (cultural, científica, tecnológica, artística ...) y como el espacio
privilegiado para la formación de los recursos humanos que necesitan para su
funcionamiento adecuado y su permanente enriquecimiento.
·
Las culturas mismas y sus diversos
recursos (lingüísticos, simbólicos, cognoscitivos, normativos, éticos,
estéticos organizativos, instrumentales, etc.) tendrían en la universidad una
fuente de potenciación y dinamismo y, por tanto, estarían más equipadas para
proveer de sentido a la acción profesional, cultural o científica de sus
miembros.
6. Anotaciones finales
Las
vías que proponemos para que la universidad se atenga al principio de la
interculturalidad son diversas pero el ideal es que sean concurrentes. La
primera -la facilitación del acceso a la universidad y el progreso dentro de
ella a los excluidos-, la segunda -la presencia de sus lenguas en las aulas
universitarias- y la tercera –la teorización de la problemática de la
interculturalidad- no aseguran por sí solas la asunción de la interculturalidad
como idea regulativa de la organización y el funcionamiento de la universidad,
pero preparan el camino para ello. Con la cuarta vía, la reconciliación con la
diversidad cultural, la universidad inauguraría un rumbo que se atiene al
principio de la interculturalidad puesto que propicia una convivencia dialógica
entre lo diverso a partir, primero, del reconocimiento de la valía y capacidad
de creación cultural y provisión de sentido de las diversas culturas, y,
segundo, de la consideración de la intercomunicación dialógica como fuente de
gozo y de dinamismo cultural. Porque no se trata sólo de vivir juntos
(multiculturalidad), sino de querer vivir juntos comunicándonos (interculturalidad)
en espacios y formas libres de violencia cultural y lingüística. El resultado
que se busca con esa intercomunicación no es la fusión de lo diverso
(mestizaje) sino una convivencia digna entre diversidades que se atienen
electivamente a sus propias pertenencias, pero, reitero, ven en la intercomunicación
una fuente de gozo y de mutuo enriquecimiento.
Hay
que añadir que la reconciliación con la diversidad cultural de la propia
sociedad no conlleva que la universidad cierre sus puertas a la cultura
acumulada por la humanidad ni que se mantenga ajena a los procesos de
producción científica, tecnológica, intelectual y artística de otros pueblos.
Hay que seguir acompañando esos procesos para enriquecernos con ellos y para
enriquecerlos con nuestras propias creaciones. La apropiación de la riqueza
cultural humana ya producida o en proceso de producción no está ciertamente
reñida con la valoración y apropiación de las propias pertenencias culturales,
pertenencias que asumimos electiva y no preceptivamente, que nos enriquecen
pero no nos atan ni nos impiden apropiarnos de lo verdadero, lo bueno, lo
bello, lo placentero o lo útil allí donde lo encontremos.
En el
último siglo, la universidad peruana ha pasado, con mayor o menor éxito, por
dos reformas sustantivas. La marca de identidad de la primera, la de los años
20 y 30, fue la democratización; las de la segunda, la de los años 60 y 70, fueron
la profesionalización y
[1] Adiós al discurso moderno en el Perú. Hueso húmero. Lima, n° 39, set. 2001, p.
47-57. Reeditado en: Castillo Ochoa M. y V. Carranza (ed.) – Desencantados y fascinados. La
postmodernidad en el Perú. Lima, URP, 2002, p. 45-57.
Elogio de
Para pensar
Para una filosofía
de
Anotaciones sobre la
crisis institucional. Nos+otros. Revista de ideas y propuestas para la
acción política.
Para pensar crítica
y prospectivamente el Perú. Unodiverso. Ciencia, tecnología y sociedad.
Lima, CONCYTEC, Año 1, núm. 1, may. 2005, p. 81-95
Utopía y actualidad.
Libros & Artes. Revista de
cultura de
Imaginar el futuro.
Política cultural de cara a las próximas décadas. Gaceta Cultural del Perú.
Lima, INC, n° 16, feb. 2006, p. 16.
Interculturalidad
desde
[2] Hacia un Proyecto Educativo Nacional. Propuesta del
[5] Plan nacional estratégico ...p. 24.
[6] Plan nacional estratégico ...p. 26.
[7] Plan nacional estratégico ...p. 29.
[8] Plan nacional estratégico ...p. 43.
[9] Plan nacional estratégico ...p. 57.
[10] Plan nacional estratégico ...p. 64.
[11] López Soria, José Ignacio. “Del desencuentro de los discursos a la
liberación de las diferencias”. In: La universidad que el Perú necesita,
Encuentros y seminarios 1999-2000. Lima,
[12] “Elementos para un diagnóstico de la universidad peruana”. In:. Cuadernos
de reflexión y debate II. Elementos para el debate sobre la universidad en el Perú.
Lima, Oficina de Coordinación Universitaria. Ministerio de Educación, 2004, p.
97-150.
[13] Universidad en el Perú. Razones para una reforma universitaria.
Informe 2005. Lima, Oficina de Coordinación Universitaria, Ministerio de
Educación, 2005, p. 69.
[14] Universidad en el Perú...p. 21.
[15] Universidad en el Perú...p. 25.
[16] Universidad en el Perú...p. 21.
[17] Universidad en el Perú...p. 22.
[18] Universidad en el Perú...p. 27.
[19] Universidad en el Perú...p. 157.
[20] Universidad en el Perú...p. 162.
[21] GICES, Oficina de Coordinación de Gestión Universitaria de
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