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Lima, Peru
Filósofo e historiador. Nace en España en 1937 y llega al Perú como jesuita en 1957. Formación: humanidades clásicas y literatura, filosofía e historia. Especialización sucesiva: narrativa latinoamericana, filosofía moderna, filosofía de la existencia, historia de la emancipación peruana, pensamiento lukacsiano, historia de la ingeniería peruana y filosofía de la interculturalidad Profesor de la UNI (y rector 1984-89) y otras instituciones académicas en Perú, Budapest, Brasil y Túnez. Autor de 26 libros, 70 colaboraciones en obras colectivas y 150 artículos en revistas. Actualmente dirige el Centro de Historia UNI y es profesor de postgrado en la Universidad Nacional de Ingeniería. Participa activamente en el debate intelectual peruano desde la sociología de la literatura, el marxismo lukacsiano, las perspectivas postmodernas y la filosofía de la interculturalidad. En su libro "Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna" propone, como horizonte utópico de la actualidad, la convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades que enriquecen a la sociedad peruana. Contacto: jilopezsoria@gmail.com

12 abr. 2012

El Proyecto Historia UNI y su incidencia en la comunidad científica peruana


José Ignacio López Soria

Conferencia magistral en el Coloquio Internacional “Una experiencia de formación de investigadores: 25 años del Seminario de Historia de la Ciencia y la Tecnología en México”, llevado a cabo del 3 al 5 de octubre de 2011 en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En prensa en SHCyT/UNAM, México

Anotación preliminar

Aunque, por razones que explicaré después, voy a hablar en primera persona, debo dejar constancia de que buena parte del contenido de esta intervención se basa en información reunida por Martín Ueda Tsuboyama, uno de los investigadores del proyecto.

No quiero dejar de pasar la oportunidad para agradecer la invitación a participaren este evento académico y para felicitar al profesor Juan José Saldaña por los exitosos 25 años del Seminario de Historia de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los primeros pasos

Antes de entrar al tema es preciso hacer conocer, aunque sea muy brevemente, el marco de referencia institucional e histórico en el que se desarrolla el “Proyecto Historia UNI”. La Universidad Nacional de Ingeniería (Lima, Perú), sede del proyecto, nació en 1876 como Escuela de Ingenieros, siguiendo los modelos europeos, principalmente los franceses de l’École de Ponts et Chaussées y l’École de Mines, ambas de París. Pasaba entonces el Perú por una etapa de bonanza que hizo posible la extensión de las obras de ingeniería (ferrocarriles, caminos carrozables, irrigaciones, desarrollo urbano, renovación de la explotación minera, etc.).  Para el desarrollo de estas obras, el Perú se abasteció primero de ingenieros extranjeros y de peruanos que habían estudiado fuera del país. La Escuela de Ingenieros comienza con dos especialidades de ingeniería, construcciones civiles y minas, y luego se fue abriendo paulatinamente a todas las ingenierías, excluyendo las agroecuarias, y a la arquitectura. En 1955 cambió su condición de escuela por la de universidad, con el nombre de Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), pero fue en la década de 1960 cuando incorporó las ciencias puras y naturales, fortaleció el urbanismo, introdujo las artes plásticas y la economía, convocó a profesores de ciencias sociales y humanidades, y destacó por el cultivo de la producción cultural. 

Buena parte de los estudios de historia de la ciencia y la tecnología en la UNI se confunden con mi propia biografía, así que no es raro que hable frecuentemente en primera persona. Ingresé como docente precisamente en la década de 1960, exactamente en 1967, y muy pronto recibí del rector de entonces, el arquitecto Santiago Agurto Calvo, el encargo de escribir la historia de la institución. De esa historia no se conocían sino algunos trazos gruesos, diseminados en folletos y otros escritos breves que ingenieros empeñosos pero no profesionales de la historiografía habían conseguido reunir, basándose en la escasa información disponible.  

Mi primera tarea consistió, por tanto, en indagar el paredero de la documentación que la institución había ido generando a lo largo de los años, además de buscar información en otras fuentes. La UNI conservaba un archivo administrativo con no pocos documentos antiguos y, por otra parte, la bibliotecaria de la Biblioteca Central, Juana Pareja, había guardado una gran cantidad de documentación de la antigua Escuela de Ingenieros. Además, la mencionada bibliotecaria había comenzado a organizar una “biblioteca histórica” con todas aquellas publicaciones –libros, revistas, periódicos y folletos- que eran consideradas, por su antigüedad, como obsoletos para las labores de enseñanza e investigación y que, además, estaban relacionados con la historia del Perú. Todo estos materiales se encontraba en condiciones sumamente precarias y en peligro de un deterioro definitivo.

Advertí pronto que lo que se había conseguido conservar era no solo mucho más de lo que yo pensaba, sino que contenía información muy valiosa tanto para la reconstrucción de la historia de la institución y sus aportes a la historia del Perú cuanto para la historia de la ciencia y la tecnología nacionales.

Comencé, así, a reunir, limpiar, catalogar y poner en valor las fuentes de información encontradas, produciendo al mismo tiempo algunos escritos, el primero de los cuales fue una comunicación en el XXXIX Congreso Internacional de Americanistas, que tuvo lugar en Lima en 1970[1]. Al mismo tiempo, se me pidió participar en la elaboración del Plan general de desarrollo de la UNI con una contribución sobre su historia[2].

Los trabajos se interrumpieron poco después, debido a una estancia mía de varios años en universidades extranjeras, dedicado a la enseñanza y al prefeccionamiento en filosofía, mi otra especialidad, además de la historia. Cuando regresé al Perú en 1974 retomé la investigación de la historia de la UNI y de la ciencia y la tecnología, centrando mi atención en los primeros años de la historia de la UNI y en la biografia de su fundador, el ingeniero polaco Eduardo J. de Habich.

Por entonces ocurrieron tres acontecimientos importantes: conocí al profesor Juan José Saldaña, quien me animó a continuar mis trabajos; establecí una estrecha colaboración con el área de historia de la ingeniería y de la ciencia de la Academia de Ciencias de Polonia, lo que me llevó luego a ofrecer conferencias en universidades de Varsovia y Cracovia sobre la historia de la ingeniería peruana; y organizamos e impartimos los primeros cursos de historia de la ciencia en la Facultad de Ciencias de la UNI.

Por otra parte, continuaron los trabajos de investigación de las primeras décadas de la historia de la Escuela de Ingenieros y de la biografía de su fundador, dando como fruto el primer tomo de la historia de la institución, trabajo terminado en 1977 y publicado 1981[3], y la biografía de Habich, publidada en polaco en 1986[4] y en castellano en 1998[5].  El trabajo personal y en solitario que venía realizando desde 1967 comenzó a institucionalizarse diez años despues, en 1977, con la creación del Centro de Investigaciones Histórico-Tecnológicas, que me tocó dirigir y en el que me acompañaron un ingeniero de minas, Francisco Sotillo Palomino, y un matemático, Gerardo Ramos Cabredo, ambos profesores de la institución y con interés por la historia de la ingeniería y de la ciencia, respectivamente. El ingeniero Sotillo publicó una breve historia de la ingeniería de minas, y el profesor Ramos produjo algunos artículos sobre la historia reciente de la matemática en el Perú.

Regresé al Perú a fines de 1980 y reinicié las gestiones para la publicación de los textos ya mencionados, al mismo tiempo que iba avanzando en la investigación de las siguientes etapas de la historia de la UNI. Los trabajos se vieron nuevamente interrumpidos durante doce largos, debido a mis responsabilidades como rector de la UNI (1984-1989) y a prolongados compromisos académicos en instituciones extranjeras.

Poco despues, en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, una universidad centrada en medicina y ciencias de la salud, otro historiador, Marcos Cueto Caballero, comenzó a desarrollar investigaciones sobre historia de la ciencia, con un énfasis especial en historia de la medicina y de la salud[6]. Se abría, así, un segundo espacio de investigación y de producción sobre historia de la ciencia en el Perú.

El Proyecto Historia UNI

A pesar de este tortuoso e interrumpido camino, la semilla de la preocupación por la historia de la ciencia y la tecnología había sido plantada e incluso había ya producido frutos visibles y estimados. A mi regreso al Perú en 1996 me convocó el entonces rector de la UNI, arquitecto Javier Sota Nadal, para reiniciar los trabajos de historia de la ciencia y la tecnología con énfasis en la historia de la universidad. Pero ahora se abría una posibilidad que no había tenidos antes: la de incorporar al trabajo a jóvenes investigadores. Se trataba, por tanto, de constituir un equipo para ampliar el campo de investigación, introducir nuevas miradas y asegurar la continuidad. Nació, así, el Proyecto Historia UNI, dependiente directamente del rectorado y encomendado a mi dirección. Como un espacio de investigación, su objetivo fue desde el principio enriquecer los estudios históricos con la incorporación del conocimiento sobre los procesos científicos y tecnológicos y sus aplicaciones prácticas.  

Para poder cumplir con este objetivo general, el “Proyecto Historia UNI” se propuso: continuar las investigaciones sobre la historia de la UNI; elaborar monografías sobre diversos tópicos de historia de la arquitectura, la ingeniería y la ciencia en el Perú; dar a conocer la obra de los ingenieros, arquitectos y científicos en el desarrollo nacional; constituir un centro de documentación (biblioteca y archivo) especializado en la historia de la ciencia y la tecnología; montar un museo de historia de la ciencia y la tecnología; organizar eventos académicos sobre los temas de su incumbencia; difundir información sobre la historia de la ciencia y la tecnología; y establecer vínculos con proyectos similares en América Latina y en el mundo.

Después de 15 años de una fructífera labor, cuyos detalles pueden consultarse en http://www.uni.edu.pe/sitio/investigacion/institutos/historia/index.html, hace apenas un par de meses, en la ceremonia de colación del grado de doctor honoris causa que la UNI me otorgó, el actual rector, doctor e ingeniero Aurelio Padilla Rios, anunció su decisión de dar al Proyecto Historia UNI una institucionalidad permanente, convirtiéndolo, como efectivamente lo ha hecho por resolución rectoral n° 866, en el Centro de Historia UNI: Ciencia, Tecnología e Innovación, dependiente del Instituto General de Investigaciones de la universidad.

Y, así, lo que fuera inicialmente un encargo del rectorado, se convirtió luego en el Centro de Investigaciones Histórico-Tecnológicas y más tarde en el Proyecto Historia UNI, para desembocar finalmente en el actual Centro de Historia UNI: Ciencia, Tecnología e Innovación.

Equipo de trabajo

El Proyecto Historia UNI cuenta con un pequeño equipo de trabajo permanente integrado por mí, como director, dos investigadores y una bibliotecaria. Los investigadores que han formado parte de este equipo, en distintas épocas, han sido los historiadores Isaac Cazorla Moquillaza, Katya Rodríguez Valencia y Leticia Quiñones Tinoco, y la arquitecta Syra Álvarez. Actualmente se desempeñan como tales el historiador Martín Ueda Tsuboyama y el arquitecto Fernando Utia. El cuidado y el orden de la biblioteca se encuentran a cargo de Liliana Soria.

Fuera de este equipo permanente de trabajo, ha habido y hay otros profesionales que, interesados por los temas que se investigan en el Proyecto, se han acercado a la oficina no sólo para hacer uso de su biblioteca y archivo, sino para presentar, discutir y enriquecer sus propias investigaciones. De este modo, alrededor del Proyecto Historia UNI se ha constituido un grupo de personas que investiga, fomenta y difunde temas de historia de la ingeniería, la arquitectura y la ciencia. Este grupo está conformado, además de los antiguos y actuales miembros de la oficina, por las arquitectas Patricia Seminario y Victoria Ramos y el arquitecto Luis Delgado Galimberti, el historiador Lizardo Seiner y el Ing. Edilberto Huamaní.  El ingeniero alemán Klaus Kemp, experto en la historia de los ferrocarriles de varios países, trabajó con nosotros el libro sobre los ferrocarriles en el Perú. Las investigaciones se vieron inicialmente enriquecidas con los intercambios con los historiadores polacos Stefan Bratkowski y Boleslaw Orlowski, y luego con los comentarios y sugerencias de otros investigadores peruanos y extranjeros que nos visitan, como las historiadoras españolas Nuria Sala i Vila y Ascensión Martínez Riaza, y los arquitectos Thomas Crupi (nortamericano), Wiley Ludeña (peruano) y Kathrin Pongratz (alemana).

Biblioteca y archivo histórico

Como dijimos antes, una de las primeras tareas en las que se concentró el Proyecto Historia UNI fue la recuperación y catalogación de una gran cantidad de libros y revistas de ingeniería, arquitectura y temas afines, que por su antigüedad muchos ya daban por desfasados. Con ellos se inició la formación de una pequeña biblioteca especializada cuyo valor histórico está fuera de toda duda. Gracias a esta labor, hoy los docentes y estudiantes de la UNI y los investigadores en general pueden consultar colecciones completas de los Anales de Construcciones Civiles y de Minas del Perú (1880-1901), el Boletín de Minas, Industria y Construcciones (rebautizado más tarde como Boletín de la Universidad Nacional de Ingeniería, 1885-1960), los Anales de Obras Públicas del Perú (1886-1925), e Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú (1899-1960). La biblioteca del Proyecto Historia UNI es el único lugar del Perú que tiene de esta última revista todos los números aparecidos hasta la segunda mitad del siglo XX.  

De forma paralela se procedió a una nueva catalogación y limpieza de aquellos documentos conservados por Juana Pareja. Entre los papeles que conformaban esta documentación se halló, por ejemplo, el discurso que Habich, el fundador, escribiera y pronunciara el 23 de julio de 1876, con motivo de la inauguración oficial de las actividades académicas de la Escuela de Ingenieros . Había, además, un cúmulo de prácticas calificadas y exámenes pertenecientes a los estudiantes de comienzos del siglo XX, entre los que se encontraron no pocas sorpresas como aquellos de puño y letra del literato Abraham Valdelomar y las cartas del escritor Ricardo Palma a Habich. Otro tipo de documentos lo conformaban cuadernos de apuntes de clase de los profesores y varios libros copiadores de cartas y oficios, cuya existencia no había sido notada anteriormente, y que contenían la correspondencia oficial y particular de la Escuela de Ingenieros. Todo este acervo documental pudo ser convenientemente restaurado y técnicamente proceso en el año 2005, como parte de un convenio suscrito entre la UNI y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Publicaciones

Las publicaciones son, sin duda, el fruto más duradero y visible de las actividades del Proyecto. Todas ellas están relacionadas con la historia de la UNI y, en general, el desarrollo de la ingeniería, la arquitectura y la ciencia en el Perú.  Hasta la fecha hemos publicado 26 títulos, más uno que se publicó en Polonia y otro, el IV tomo de la historia de la UNI, que tenemos en prensa.

Las publicaciones están organizadas en tres series: 1) Historia de la UNI; 2) Biografías de ingenieros, arquitectos y científicos; y 3) Historia de la ingeniería, la ciencia y la arquitectura. Nuestras publicaciones han sido motivo de elogio para nuestra universidad por parte de numerosos historiadores, ingenieros, arquitectos, científicos e instituciones. Téngase en cuenta que ellas constituyen el primer esfuerzo sistemático en nuestro país de reconstrucción de la historia de la ciencia y la tecnología modernas en el Perú. El reconocimiento ganado con estas publicaciones llevó al grupo de El Comercio, el periódico peruano más antiguo, a encargarnos el volumen XI, titulado Ciencia y tecnología, de la Enciclopedia temática del Perú[7], que tiene varias ediciones.



Serie Historia de la UNI

1.      Tomo I: Los años fundacionales (1876-1909), por José Ignacio López Soria. 1ª edic. 1982; 2ª. aumentada 1999.
2.      Tomo II: El crecimiento y la modernización (1909-1930), por Isaac Cazorla (1999).
3.      Tomo III: La apertura a espacios nuevos (1930-1955), por Katya Rodríguez (1999).
4.      Toma IV: El desarrollismo, las ciencias y las nuevas tecnologías (1955-1984), por José Ignacio López Soria, Martín Ueda y Leticia Quiñones (En prensa)
5.      Breve historia de la UNI, por José Ignacio López Soria (2003).
6.      UNI. De Escuela a Universidad, por José Ignacio López Soria (2005).
7.      La formación en arquitectura en el Perú. Antecedentes, inicios y desarrollo hasta 1955, por Syra Álvarez Ortega (2006)
8.      50 años de la Facultad de Ciencias, por Martín Ueda y Leticia Quiñones, con la colaboración de profesores de la facultad (2010)

Serie Biografías de ingenieros, arquitectos y científicos

1.      Polak z peruwianskiego pomnika Edward Habich. Warszawa, Iskry, 1986, por José Ignacio López Soria. Tr. por Teresa Marzynska. Prólogo de Stefan Bratkowski y Boleslaw Orlowski.
2.      Habich el fundador, por José Ignacio López Soria (Ed. en castellano, 1998).
3.      Eduardo de Habich, por José Ignacio López Soria (tres ediciones, 1997, 1999 y 2009).
4.      Ernesto Malinowski, el ingeniero de los ferrocarriles, por José Ignacio López Soria e Isaac Cazorla (1999).
5.      Mario Samamé, por Edilberto Huamaní (1999).
6.      Ricardo Tizón y Bueno / Juan A. Grieve Becerra, por Lizardo Seiner y Katya Rodríguez (2000).
7.      Teodoro Elmore, por Patricia Seminario y Ramón Gutiérrez (2001).
8.      Carlos I. Lissón, por Martín Ueda (2005).

Serie Historia de la ingeniería y la arquitectura

1.      Historia del mobiliario urbano de Lima (1535-1935), por Syra Álvarez (2000).
2.      Construyendo el Perú I. Aportes de ingenieros y arquitectos (2000).
3.      Construyendo el Perú II. Aportes de ingenieros y arquitectos (2001)
4.      Historia del Cuerpo de Ingenieros de Minas del Perú, por Martín Ueda (2002).
5.      El desarrollo de los ferrocarriles en el Perú, por Klaus Kemp (2002).
6.      La Sociedad de Ingenieros del Perú. Primera década (1898-1908), por José Ignacio López Soria (2003).
7.      Guía manual del Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Ingeniería, por Liliana Soria (2005).
8.      La formación en arquitectura en el Perú, por Syra Álvarez (2006).
9.      La introducción del sistema métrico decimal en el Perú, por Martín Ueda (2007).
10.  El Perú en la vitrina. El progreso material del Perú a través de las exposiciones (1851-1893), por Leticia Quiñones (2007).
11.  Tratado de minería por el Barón de Nordenflicht, estudio preliminar por José Ignacio López Soria (2007).
12.  Valdelomar en la Escuela de Ingenieros, estudio preliminar por José Ignacio López Soria (2007).



Con agrado podemos decir que la buena acogida de estas publicaciones ha hecho que algunas se hayan agotado, como los tres tomos de la historia de la UNI, las dos versiones de la biografía de Habich, las biografías de Malinowski y Samamé, el libro sobre el mobiliario urbano de Lima y el que trata sobre el desarrollo de los ferrocarriles.

Además del 4° tomo de la historia de la UNI, que está ya en prensa, tenemos avanzadas las biografías de dos destacados ingenieros, José Balta y Joaquín Capelo. 

Aparte de los libros mencionados, hemos publicado, en revistas de nuestro medio,  numerosos artículos sobre temas relacionados con la historia de la UNI y la historia de la ingeniería, la arquitectura y la ciencia en el Perú. Quiero destacar solamente la serie de artículos sobre diversos tópicos de la historia de la ingeniería y la ciencia que nuestro investigador Martín Ueda viene publicando en la revista Puente. Ingeniería. Sociedad. Cultura,  que edita Colegio de Ingenieros del Perú desde 2006.

Para el futuro próximo, estamos trabajando la historia de la ingeniería de petróleo y petroquímica, la “Agrupación Espacio” y su influencia en la arquitectura moderna, y un estudio sobre el pensamiento de ingenieros y científicos con una antología de los textos más significativos a este respecto.

El proyecto y el ámbito científico peruano

Las formas de participación del Proyecto Historia UNI y sus miembros en el mundo de las ciencias y las tecnologías son muy variadas: desde la preparación e impartición de cursos de historia de la ciencia y la tecnología hasta el asesoramiento al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y al Congreso de la República en la elaboración de leyes y planes de desarrollo científico-tecnológico, pasando por la dirección de tesis de grado y postgrado, la organización de eventos académicos, la participación en congresos organizados por otras instituciones, la colaboración en comisiones de homenajes a científicos, arquitectos e ingenieros ilustres, la recuperación del acervo documental y bibliográfico de la Biblioteca Nacional, la promoción de la participación de la UNI en las ferias del libro, la organización de exposiciones del acervo de materiales históricos (libros, revistas y documentos) de la UNI, la participación como conferenciantes en los actos conmemorativos de la historia de la institución, la presencia del director del equipo como miembro –y, actualmente, como presidente- de la Academia Nacional de Ciencia y Tecnología, y como miembro del Comité Científico de la Municipalidad Metropolitana de Lima, y, lateralmente, el apoyo a emprendimientos de envergadura de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) como el proyecto de Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Foro por la Ciencia, la Tecnología y Innovación, el Observatorio Peruano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Sociedad, y la publicación reciente de libros como Percepción de los jóvenes sobre la ciencia y la profesión científica en Lima Metropolitana y Emergencia de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.  El debate público que siguió a la publicación de este último libro y del Manifiesto del mencionado Foro contribuyeron decisivamente a que el tema de la ciencia y la tecnología fuese incorporado como punto de agenda en la reciente campaña política para las elecciones presidenciales y congresales. 

Dar cuenta detallada de todas estas intervenciones en la promoción de la ciencia y la tecnología y en la constitución y desarrollo de la comunidad científica peruana sería demasiado largo y tedioso. Destacaré, por tanto, algunas de ellas, no sin dejar constancia de que nuestro equipo no es ciertamente el único actor en este campo.  

En cuanto a cursos de historia de la ciencia y la tecnología, desarrollamos una breve experiencia en la década de 1970 en la Facultad de Ciencias de la UNI, que ha sido luego continuada por profesores de esa facultad, y recientemente Martín Ueda, uno de nuestros investigadores permanentes, ha comenzado a ofrecer un curso en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (jesuitas) de Lima.

Hemos asesorado varias tesis de postgrado (maestría y doctorado) en historia de la arquitectura y el urbanismo –sobre la historia de la enseñanza de la arquitectura, el mobiliario urbano de Lima, el Instituto de Planeamiento de Lima, la Company Town de la explotación petrolífera de Talara, las obras de Eiffel en el Perú, las propuestas arquitectónicas de la revista Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, la propuesta moderna de la Agrupación Espacio, etc.-, y tesis de grado como La introducción del sistema métrico decimal en el Perú (Martín Ueda) y El Perú en la vitrina. El progreso material del Perú a través de las exposiciones (1851-1893) (Leticia Quiñones).

Con respecto a la organización de eventos académicos destacamos dos congresos de historia de la ingeniería y la arquitectura, el primero en 1999, en honor al ingeniero Ernesto Malinowski, y el segundo en el año 2000, en honor al arquitecto y expresidente del Perú Fernando Belaúnde Terry. En cada uno de ellos participó una veintena de investigadores y contamos con entre 50 y 70 asistentes. Las comunicaciones fueron luego recogidas en los libros Construyendo el Perú I y II.

En 2001, coorganizamos dos exposiciones. La primera fue con la Fundación Telefónica del Perú sobre la historia de la telefonía en el Perú. La investigación sobre este tema, que elaborara el Ing. Edilberto Huamaní, fue de mucha ayuda para elaborar el guión museográfico. La segunda se llevó a cabo con la Biblioteca Nacional del Perú con motivo del 125 aniversario de la UNI. Se trató, en este último caso, de una interesante exposición bibliográfica y documental que estuvo abierta al público durante varias semanas.

También en 2001, promovimos tanto la participación de la Universidad en la XXII Feria del Libro “Ricardo Palma” como su afiliación formal a la Cámara Peruana del Libro. Tras esta primera experiencia y en vista de la buena acogida del público, la Universidad decidió participar en las siguientes ferias del libro. De esta manera, además de  colocar nuestra producción en algunas librerías, damos a conocer nuestras publicaciones, algunas de las cuales son luego comentadas en periódicos y revistas especializadas.   

En 1999, año del centenario del nacimiento del ingeniero Ernesto Malinowski, un ilustre ingeniero polaco que dedicó su vida al diseño y construcción de ferrocarriles en el Perú del siglo XIX, integramos la Comisión Nacional Conmemorativa. Esta comisión estuvo compuesta por representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, la Embajada de Polonia en el Perú, y otras instituciones como el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, la Biblioteca Nacional del Perú, la Sociedad Geográfica de Lima y el Banco Central de Reserva. Como parte de los homenajes, la UNI y la Biblioteca Nacional coeditaron la biografía Malinowski, el ingeniero de los ferrocarriles, escrita por López Soria y Cazorla.

Otra intervención curiosa y poco común fue nuestra participación en la recuperación del patrimonio bibliográfico y hemerográfico de la Biblioteca Nacional del Perú. Convocados por la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Relaciones Exteriores participamos en la elaboración de la lista de libros que el ejército chileno se llevó durante la ocupación de Lima en 1880-83. Entre esos libros y revistas estaban todos los que componían la biblioteca de la Escuela de Ingenieros, además de los instrumentos de los laboratorios y gabinetes, y no pocos libros y documentos coloniales de la Biblioteca Nacional y de la Universidad de San Marcos.  El tenaz empeño del director de la Biblioteca Nacional de entonces, Dr. Sinesio López,  continuado luego por el siguiente director, Hugo Neira, y las gestiones del Ministerio de Relaciones Exteriores hicieron que el gobierno de Chile devolviese parte de este patrimonio peruano.

Termino esta pequeña muestra de nuestra participación en el mundo científico peruano dando cuenta de dos intervenciones más. La primera tuvo lugar en 2004, en el congreso “Dos mundos, dos culturas. O de la historia (natural y moral) entre España y el Perú”, organizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y la Pontificia Universidad Católica del Perú. En este evento presenté la ponencia “La presencia española en los orígenes de la ingeniería moderna en el Perú”, que se publicó luego en las actas del congreso[8]. Y la segunda se realizó en 2005, en el congreso “Historia paralelas. Primer Encuentro de Historia Perú-México”, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú y el Colegio de Michoacán y cuyas actas han publicado estas mismas instituciones[9].

Financiamiento

El financiamiento de este ya largo emprendimiento ha dependido casi exclusivamente de la propia universidad. Al principio se trataba solo de mi salario como profesor y del costo de las publicaciones, que cubría el rectorado. Luego, el rector, arquitecto Javier Sota Nadal, autorizó la contratación de dos jóvenes investigadores y una secretaria-bibliotecaria, compromiso que continuó con los rectores siguientes, ingenieros Luis Gonzales Cacho y Roberto Morales Morales, y continúa actualmente gracias al decidido apoyo del rector, doctor e ingeniero Aurelio Padilla Ríos. Pongo aquí sus nombres, añadiendo el de rectores anteriores como el Arq. Santiago Agurto Calvo y el Ing. Enrique Rivva López, porque quiero dejar constancia no solo de mi agradecimiento hacia ellos sino de su manifiesto interés por las investigaciones de la historia de la ciencia y las tecnologías.

Además del rectorado, nuestro trabajo ha contado con la colaboración de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Arquitectura, y, principalmente en lo relativo al cubrimiento de los costos de las publicaciones nos han apoyado el Centro de Estudios Preuniversitarios (CEPRE-UNI) y la empresa universitaria SERVIUNI. Pero el mayor apoyo, en cuanto a publicaciones, lo venimos recibiendo de UNIPETRO, empresa petrolera de la UNI, y de su gerente, Ing. Víctor Cataño Cauti. 

Debo mencionar, además, que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), cuando estaba dirigido por el Dr. Benjamín Marticorena, en 2003, firmó con la UNI un convenio que nos proveyó de fondos, primero, para recuperar, catalogar y poner en servicio la documentación antigua de la Escuela de Ingenieros (1876-1955) que estaba bajo nuestra custodia, y, segundo, para  desarrollar nuestras investigaciones cubriendo complementos salariales de los investigadores, así como de técnicos en recuperación y catalogación de documentos.

Gracias al apoyo del CONCYTEC pudimos, con la colaboración de la historiadora y archivera Ruth Borja y su equipo de jóvenes historiadores, organizar técnicamente nuestro archivo de documentos (156 gavetas con 490 carpetas), recuperar y empastar más de 200 volúmenes de antiguas publicaciones y cubrir los costos de publicación de 4 de nuestros libros.

Anotación final

De lo narrado anteriormente no debe deducirse que seamos un equipo poderoso y de influencia decisiva en los estudios de historia en el Perú y en la comunidad científica peruana. Lo único que nos orgullece es haber sembrado inquietudes, formado a algunos jóvenes y abierto un camino, el del interés por los estudios de la historia de la ciencia y la tecnología, en la esperanza de que se vayan sumando otros esfuerzos para continuar lo que comenzamos hace ya algunas décadas.  

Quiero terminar con una última anotación sobre algo que me parece de particular importancia histórico-filosófica. Mis estudios sobre la historia de la ingeniería se han ido desarrollando en simultáneo con mis reflexiones filosóficas, en una convergencia mutuamente enriquecedora entre conocimiento histórico y pensamiento filosófico. La filosofía me llevó a recorrer los caminos del pensamiento latinoamericano y particularmente peruano, pero pronto advertí, por mi inmersión en el mundo de la ingeniería, la ciencia y la arquitectura, que las reflexiones de los profesionales de estas áreas del conocimiento no eran incluidas en las reconstrucciones de la historia del pensamiento. Y es que esas reflexiones se producen y se difunden en lenguajes, espacios y circuitos que los historiadores del pensamiento no suelen frecuentar. Pero los ingenieros, los científicos y los arquitectos no solo desarrollan conocimiento sobre sus respectivos campos profesionales, sino que además se basan en determinadas concepciones filosóficas e incluso elaboran visiones del mundo y del hombre y su historia que los estudiosos de la filosofía deberíamos tener en cuenta.

Este convencimiento me llevó a estudiar el discurso moderno en sus tres ámbitos: la cultura, los subsistemas sociales y el mundo de la vida o vida cotidiana. Pude distinguir dos formas iniciales del discurso moderno de tipo ilustrado, la de las libertades y la del bienestar, a las que se añade luego una tercera, la del mercado. El primero se atiene a la lógica de la democracia y, en el caso del Perú, es portado inicialmente (fines del siglo XVIII y comienzos del XIX) por los juristas, filósofos y hombres de letras que empeñaron sus mejores energías en el proceso de la independencia y en la construcción del proyecto criollo de Estado-nación independiente. El segundo se atiende a la lógica de las necesidades, proponiéndose no solo satisfacerlas sino ampliarlas, y es portado por los ingenieros, arquitectos, científicos y empresarios que se embarcaron, desde mediados del siglo XIX, en la explotación de los recursos naturales a través de la industria, la articulación del territorio por las vías de transporte, la industrialización del trabajo agrícola, la construcción de ciudades, etc. Y el tercero se atiene a la lógica de la utilidad y la ganancia, y es portado, ya avanzado el siglo XX, por los barones del comercio y la banca.

No voy a entrar en detalles que he desarrollado en otros escritos[10], pero quiero dejar anotados algunos rasgos del “discurso del bienestar” que los ingenieros, científicos, arquitectos y empresarios colocaron en el espacio público. Pretendo con ello animar a otros investigadores a continuar la exploración del aporte discursivo de estos profesionales en la lucha por el sentido. Estoy convencido de que estudiar este discurso es también tarea de quienes nos ocupamos de la historia de la ciencia y la tecnología.

El “discurso del bienestar” tiene una antigua procedencia. Ciertas tradiciones judeo-cristianas y, principalmente, el espíritu de la reforma luterana, como descubriera Weber[11], dieron origen a un tipo de discurso que fue entendiendo la felicidad eterna (salvación) en términos de bienestar temporal (como signo de predestinación para la salvación), en un proceso de secularización del mensaje cristiano. Recogiendo la tradición de las ordenadas prácticas de la vida conventual, la ética del protestantismo ascético veía en la disciplina, el trabajo y la sobriedad y en el éxito económico que esto reportaba la certeza de la salvación y la posibilidad de contener y racionalizar el hambre de riqueza. Acogen y desarrollan preferentemente este discurso la burocracia pública, los artesanos urbanos en vías de industrialización y los técnicos e ingenieros que saben ligar ciencia y técnica, apuntando todos ellos al logro de un bienestar contenido por la disciplina y la sobriedad. Para realizar la promesa, propician el progreso explorando y explotando los recursos naturales para luego introducir sus productos en el circuito de la mercancía. Entiéndase, sin embargo, que, inicialmente, en el protestantismo ascético, el objetivo no era gozar de los bienes producidos, sino contribuir al despliegue pleno de la gloria de Dios a través de la reinversión de la ganancia en la producción de un mayor progreso material y social. El progreso queda, así, incorporado en la lógica de la salvación, y esta queda, a su vez, secularizada en la lógica del progreso.

La racionalidad de este nuevo “discurso del bienestar” consiste en la elevación a categorías y relaciones conceptuales, axiológicas y simbólicas de la praxis del trabajo de  apropiación y transformación eficientes y eficaces de las condiciones materiales de existencia para no solo satisfacer sino desarrollar las necesidades humanas.

En el discurso del bienestar encontramos tres niveles diferenciados pero articulados: principios (conceptos, valores y símbolos), medios (la praxis científico-técnico y empresarial) y fines (satisfacción y desarrollo de necesidades). El centro está ocupado por la praxis porque es ella la fuente, inicialmente, de seguridad teológica y, luego, de riqueza teórica, axiológica y simbólica, y porque desde ella se satisfacen y desarrollan las necesidades. Por otra parte, hay una racionalización tanto de los principios como de los medios y los fines.

Una vez secularizado, el “discurso del bienestar” reelabora una visión del mundo que se caracteriza por la dignificación del trabajo, la incorporación del territorio como variable fundamental de la vida humana, la articulación del mismo en un espacio integrado y la transformación de las condiciones naturales de existencia social. Otros rasgos no menos característicos del mundo postulado desde este discurso son: la profesionalización de las burocracias estatales y empresariales, la articulación sectorial e intersectorial, mediadas por un sistema único de medición, el Sistema Métrico Decimal; la complementariedad de ciudad/campo, que pone en marcha la formación de los  mercados nacionales y revitaliza, reformulándolo, los procesos de urbanización; la producción y difusión de los conocimientos, tecnologías y formas modernas de producir y de organizar la producción y los servicios; la perspectiva de la oposición civilización/barbarie, entendiendo como civilización la modernidad occidental y como barbarie las antiguas tradiciones.

El discurso del bienestar, como lo hiciera desde antes el de las libertades, se pretende también englobante: aspira a organizar la vida toda proponiendo un mundo en el que sea posible no solo satisfacer las necesidades actuales sino desarrollar nuevas necesidades. Los portadores de este discurso se ven como demiurgos, hacedores de un mundo inteligible que es producto racional del hombre, es decir fruto de una acción racional orientada al aprovechamiento y transformación de la naturaleza y al goce moderado de los bienes producidos.

La esfera de la objetividad es el ámbito de la cultura en el que el discurso del bienestar se siente como pez en el agua. No es ajeno, sin embargo, a la esfera de la legitimidad ni a la de la representación simbólica. Le interesa proveer de legitimidad a su acción transformativa y al sujeto —trabajador, empresario, ingeniero, arquitecto— que la realiza, pero la fuente de legitimación no es ya la palabra sabia (coherente en sí y consistente con lo dicho) sino la obra útil (que satisface y desarrolla necesidades humanas). En cuanto al mundo de la representación, introduce nuevos lenguajes cifrados desde los que mira la realidad en términos de cantidad, calidad, distancia, volumen, peso, etc.

En cuanto a los subsistemas de acción racional con respecto a fines, las preferencias del discurso del bienestar se centran en los subsistemas de producción y de intercambio, pero le importa también crear un subsistema educativo para formar expertos —técnicos, ingenieros, arquitectos, empresarios— capaces de desarrollar y manejar con destreza los códigos propios de este discurso.



[1] López Soria, José Ignacio. “La creación de la Escuela de Ingenieros y las estructuras económico-sociales del Perú, 1876-1909”. En: XXXIX Congreso Internacional de Americanistas. Resúmenes de ponencias. Lima, 1970, p. 67-69.
[2] López Soria, José Ignacio. “Lineamientos generales de la evolución de la Universidad Nacional de Ingeniería”. En: Plan general de desarrollo, 1971-1980. Lima, UNI, 1970, p. 8-30.
[3] López Soria, José Ignacio. Historia de la Universidad Nacional de Ingeniería. Tomo I: Los años fundacionales (1876-1909). Lima, Universidad Nacional de Ingeniería / Centro de Investigaciones Histórico-Tecnológicas, 1981. 371 p.  2ª. Edición aumentada: 1991.
[4] López Soria, José Ignacio. Polak z peruwianskiego pomnika Edward Habich. Warszawa, Iskry, 1986. 200 p. Tr. por Teresa Marzynska. Prólogo de Stefan Bratkowski y Boleslaw Orlowski.
[5] López Soria, José Ignacio. Habich el fundador. Lima, Universidad Nacional de Ingeniería / Proyecto Historia UNI, 1998. 186 p.
[6] De la producción de Cueto destaco:
 -          El Regreso de las Epidemias: Salud y Enfermedad en el Perú del Siglo XX. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, Agosto, 1997.
-          Excelencia Científica en la Periferia: Actividades Científicas e Investigación Biomédica en el Perú 1890-1950. Lima: Tarea, 1989.
-          Innovación en la agricultura: Fermín Tanguis y el algodón en el Perú con Jorge Lossio. Lima: Universidad del Pacífico, 1998.
-          Salud, Cultura y Sociedad en América Latina: Nuevas Perspectivas Históricas. Lima: Instituto de Estudios Peruanos/Organización Panamericana de la Salud, 1996.
-          Saberes Andinos: Ciencia y Tecnología en Bolivia, Ecuador y Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1995.
-          Missionaries of Science: The Rockefeller Foundation and Latin America. Bloomington: Indiana University Press, 1994.

[7] López Soria, José Ignacio y Benjamín Marticorena (comp..). Enciclopedia temática del Perú. T. XI: Ciencia y tecnología. Lima, El Comercio (Orbis Ventures S.A.C.), 2004. 192 p.; 2ª ed. 2006. 

[8] Del Pino Díaz, Fermín (coord..). Dos mundos, dos culturas. O de la historia (natural y moral) entre España y el Perú. Frankfurt/Madrid, Vervuert/Iberoamericana, 2004, p. 103-114.
[9] Guerra Martiniere, Margarita y Denisse Rouillon (ed.). Historia paralelas. Actas del Primer Encuentro de Historia Perú-México. Lima/Michoacán, PUCP/El Colegio de Michoacán, 2005, p. 331-348.

[10] Adiós al discurso moderno en el Perú. Hueso húmero. Lima, n° 39, set. 2001, p. 47-57. Reeditado en: Castillo Ochoa M. y V. Carranza (ed.) – Desencantados y fascinados. La postmodernidad en el Perú. Lima, URP, 2002, p. 45-57; y en: López Soria, José Ignacio. Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna. Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República, 2007, p. 29-43.
[11] Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo.  Madrid: SARPE, 1984.

1 comentario:

  1. Al cumplir 50 años de la promoción de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la UNI, uno de nuestros objetivos es conocer la historia de nuestra universidad y en particular de nuestra facultad. Excepcional la obra de José Ignacio López Soria.

    Elmer Farro Manrique.

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