Nueva ley universitaria: predictamen
Inédito. Escrito el 2/10/2004
La distancia entre unos y otros no puede ser mayor. Los congresistas –al menos, algunos de ellos- optan por el camino más fácil: copiar la ley anterior adornándola con nombres nuevos para instancias viejas e introduciendo algunas novedades que son fruto de la coyuntura universitaria de las últimas semanas más que producto de una reflexión en profundidad sobre las características que debería tener la formación superior en un mundo como el actual y el venidero.
Para los defensores del predictamen parecería que no hubiese pasado nada, ni en el Perú ni en el mundo, desde 1983, cuando se aprobó la ley 23733, actualmente vigente y varias veces parchada. El predictamen, especialmente en lo relativo a las universidades públicas, vuelve a lo de siempre: el ineficaz asambleísmo, el limitante reglamentismo, el autonomismo insularizante, el divisionismo facultativo, el exclusivismo en la dedicación laboral, la cortedad de la escala de la carrera universitaria, los privilegios profesorales (abono de 4 años de antigüedad por estudios, 2 meses de vacaciones), la titulitis, la permanencia de la Asamblea Nacional de Rectores, la separación entre educación superior no universitaria y universitaria, el divorcio entre ésta y el sistema educativo, el desencuentro entre educación y sector productivo y de servicios, la descoordinación entre enseñanza e investigación, la obsoleta terminología del argot universitario tradicional y hasta la anhelada e incumplida homologación salarial de los docentes con los magistrados.
Quizás las novedades más significativas del predictamen sean el e eimpulso a la producción de bienes y servicios y el intento de introducir la cultura de la calidad a través de los mecanismos de evaluación y acreditación. Pero lo primero es entendido como fuente de financiamiento y no como componente del roceso formativo ni como eslabón de enlace con el mundo de la producción y de los servicios, y lo segundo queda librado a la voluntad y al entender de la Asamblea Nacional de Rectores (poniéndose como evaluadores a los que deben ser evaluados) y con el peligro de convertirsn un expediente burocrático con escasa, si alguna, posibilidad de dinamizar la educación e impulsar la calidad.
En conclusión, el predictamen remienda la vieja ley pero no la modifica
sustancialmente ni constituye un marco de marco de referencia que haga posible
una educación capaz de responder a los retos de la actualidad.
No desconozco que
en el mundo universitario hay tendencias hacia el inmovilismo y la defensa
neoconservadora de statu quo, pero se está desarrollando también un
movimiento, que acompaña el Ministerio de Educación, a favor de un cambio
sustantivo de la educación superior.
La propuesta universitaria centra su interés más en la idea de reforma de la educación superior que en la dación de una nueva ley universitaria. La ley no debería ser sino la forma legal que hace posible la implantación de un nuevo tipo de educación superior. El punto de partida, por lo tanto, es el convencimiento de que el Perú y el mundo han cambiado sustantivamente y que el viejo modelo universitario no es funcional a esos cambios: no los entiende, no los procesa críticamente ni elabora propuestas para enrumbarlos por caminos que conduzcan a un mejoramiento sustantivo de la calidad de vida de los peruanos y a una participación digna en el concierto internacional.
Aunque para los universitarios el punto de partida es claro (la asunción consciente de la actualidad con sus luces y sus sombras), el perfil de la nueva universidad no está aún claramente diseñado. Con cargo a ocuparme en otro artículo de ese perfil, dejo aquí indicados algunos de los criterios que orientan las búsquedas de los universitarios: la cultura de la calidad y de la pertinencia como eje vertebral del quehacer educativo; la centralidad del aprendizaje frente a la vieja centralidad de la enseñanza; articulación de aprendizaje e investigación; el uso intensivo de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones; una gestión institucional que articule profesionalismo, democracia, autonomía, transparencia y rendición de cuentas; apertura de la universidad al sistema educativo, la educación superior no universitaria, los sectores productivos y de servicios, y la diversidad cultural y lingüística; producción de bienes y servicios engarzada a los procesos de aprendizaje; y la meritocracia y reformulación de la escala en la carrera docente.
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