A propósito de ALC/UE: Nuevos actores y tendencias en la cooperación
En: Páginas. Lima, Centro de Estudios y Publicaciones, vol. XXXIII, n°
210, jun. 2008, p. 26-33.
La próxima Cumbre
ALC-UE es una buena ocasión para reflexionar sobre las relaciones de
cooperación entre estas dos macrorregiones.
Por razones de claridad expositiva me referiré a las dos formas
principales de cooperación: la bilateral (la que se da entre Estados o
instituciones de dos países) y la multilateral (la que se da entre bloques de
países, con la participación de organismos internacionales). En cada caso
aludiré brevemente al contexto histórico. Comenzaré por la bilateral porque
ella ocupó preferentemente el terreno cuando, por los años 50 y 60 del siglo XX
, empezó la cooperación moderna; haré luego la presentación de la cooperación
multilateral, que, sin sustituir a la anterior, incorpora a nuevos actores,
ensancha los horizontes y diversifica los mecanismos de
La cooperación bilateral
La
cooperación bilateral existe desde antiguo, pero aquí nos interesa aquella a la
que llamaremos “moderna” (secularizada, solidaria, etc.) por oposición a la
tradicional (sacralizada, caritativa, etc.). La cooperación bilateral moderna experimenta
un crecimiento y diversificación significativos cuando el “Estado del
bienestar” se convierte en paradigma de organización estatal y de
De las diversas características de la cooperación bilateral voy aquí a fijarme en algunas (la intermediación de las ONG, la unidireccionalidad, el balanceo en asistencialismo y desarrollismo, y la secularización o creciente participación de la sociedad civil) porque considero que son precisamente ellas las que, además de ser fundamentales o precisamente por serlo, están cambiando más profundamente como consecuencia del fortalecimiento de la cooperación multilateral.
Los agentes de la cooperación bilateral, tanto del lado de los donantes como de los beneficiarios, son generalmente Organizaciones No Gubernamentales (conocidas como ONG), es decir instituciones que se crean para agenciar la cooperación en sus múltiples variables, llevando a cabo, en los países beneficiarios, emprendimientos que son, o se piensa que son, responsabilidad de los Estados. El nombre mismo está indicando que se trata de instituciones con objetivos convergentes, complementarios, supletorios, etc. con respecto a los del Estado, pero ellas mismas no son gubernamentales ni estatales. Esta cercanía al Estado -aunque se trate de una cercanía que se expresa como lejanía- contribuye a que el beneficiario último, dadas las condiciones de abandono por parte del Estado en las que suele vivir, entienda a las ONG como brazo del Estado y que, por tanto, se acostumbre a relacionarse con el Estado, cuando puede hacerlo, como si se tratase de una gran ONG, es decir una institución de la que se recibe algo sin retribución alguna.
La relación que se establece en el ámbito de la cooperación bilateral es, con excepciones, unidireccional (de país donante a país beneficiario por la vía de las ONG), y esta unidireccionalidad puede incluso dar origen a una cierta verticalidad. La ONG donante consigue (por concursos públicos, campañas, colectas, sistema alternativo de ventas, etc.) fondos públicos y sociales de cuyo uso tiene naturalmente que rendir cuenta tanto de la ejecución como de los resultados sociales. Está, por tanto, relativamente sujeta a las prioridades de sus propios donantes. Y estas prioridades tiene que conciliarlas con las de las ONG de los países beneficiarios, las cuales tienen que responder a prioridades de los beneficiarios últimos. Incluso en los casos ideales en los que se produce una real conciliación de prioridades de unos y otros, la cooperación sigue siendo unidireccional porque el donante original no espera nada del beneficiario último. Lo único que necesitan de los beneficiarios directos las ONG, tanto las donantes como las intermediarias locales, es el reconocimiento para facilitar su labor de intermediación.
La
proclividad al asistencialismo y al basismo puede ser considerada como
otra característica de la cooperación bilateral, especialmente de la
intermediada por las ONG. Se entiende por asistencialismo y basismo la
preferencia por asuntos remediales o de mera subsistencia de los sectores
excluidos tanto rurales como urbano-marginales. La intermediación se hace a
través de instituciones ya secularizadas, las ONG, pero el sentimiento de
solidaridad que está debajo de la proclividad a cooperar es todavía más cercano
a la virtud cristiana de la caridad que a la virtud cívica de
Probablemente sea esta la característica que más ha cambiado en la cooperación bilateral. Tanto el asistencialismo como el basismo han ido cediendo el paso a una cooperación que podríamos llamar desarrollista porque está orientada a proveer al beneficiario de herramientas (teóricas y prácticas, información, emprendedorismo, etc. ) que le faciliten desarrollarse por sí mismo, participar en asuntos públicos e incorporarse a entornos económicos amplios (desde locales hasta globales). Para hacerlo hay que dirigir la cooperación hacia temas (estudios, capacitación, procesamiento y difusión de información, capacidad de propuesta, etc.) antes menos atendidos, y, además, incorporar como beneficiarios a sectores del nivel formativo suficiente para apropiarse de esas herramientas.
Desde
una perspectiva histórico-filosófica, considero finalmente que la
característica de mayor trascendencia de la cooperación bilateral moderna es su
secularización, es decir la presencia
cada vez más significativa de la sociedad civil y de la solidaridad entendida ya como fraternidad. Hasta no hace mucho, las Iglesias y sus
entornos más cercanos eran casi los únicos jugadores en el terreno de
Durante
el predominio del modelo societal del “Estado del bienestar” la cooperación,
favorecida desde los Estados, fue quedando en manos, como mediadores, de
miembros organizados de la sociedad civil (ONG), lo que promovió la
desacralización del “espíritu de cooperación” y la consiguiente secularización
de sus formas de realización. Ante este fenómeno tanto las Iglesias como los
Estados e incluso los partidos políticos tendieron a “oenegizar” algunas de sus
acciones, constituyendo para ello ONG confesionales, estatales o políticas.
Lo que importa subrayar en este proceso de secularización no es propiamente el componente de desacralización, que ciertamente lo tiene, sino la consideración de la solidaridad ya no sólo como caridad cristiana sino como virtud cívica que, por cierto, se traduce en deberes de cooperación. Es decir, el “espíritu de cooperación” nos incumbe a todos por razones de convivencia digna entre los hombres y no sólo a aquellos cuyas creencias religiosas incluyen la caridad como virtud y como obligación.
La cooperación multilateral
La cooperación
multilateral se fortalece significativamente cuando se desarrollan los procesos
de constitución de bloques multinacionales. La razón es obvia: estos procesos
complejos incorporan la cooperación multilateral como un medio para la relación
entre los miembros del bloque y del conjunto con otros bloques. Es, por eso, necesario referirse, aunque sea
someramente, a dos los bloques en juego en la cooperación multilateral:
Es sabido que la macrorregión europea se ha ido
construyendo a lo largo de varias décadas, y que está hoy constituida por
países y pueblos trenzados entre sí a través de múltiples lazos que están en
proceso de reforzamiento: desde los económicos y financieros hasta los
políticos, culturales y sociales. Para la reflexión sobre la cooperación
interesa subrayar dos aspectos del proceso de construcción de
El proceso de
integración es inacabado porque va incluyendo a nuevos países, abarcando cada
vez más dimensiones de la vida individual y social, y obligando a cada pueblo a
repensar sus propias tradiciones y rediseñar sus futuros posibles para
facilitar
La preservación de
la diversidad tiene que ver con el carácter de ese encuentro. ¿Se trata de un
“reencuentro” basado en antiguas homogeneidades compartidas, de una voluntad de
convivencia después de siglos de desencuentros, o de la articulación de
intereses para constituir mercados significativos y competir con garantías de
éxito con otros bloques multinacionales? Los fenómenos históricos importantes
son siempre multifacéticos. No es raro, por tanto, que se pueda responder
afirmativamente a cada una de las partes de la pregunta anterior. Lo que aquí
nos interesa es subrayar que la integración supone influencias mutuas, pero no
necesariamente apunta a la homogeneización, pues no sólo no suprime, sino que
potencia la diversidad cultural que caracteriza a los pueblos europeos. En la gestión racional de esas diversidades, y
no sólo en la articulación de los intereses, está uno de los retos mayores de
Lo cierto es que,
con las dificultades que conocemos, Europa está aprendiendo a vivir junta y que
este aprendizaje pasa necesariamente por una cooperación horizontal y
multilateral. Para ello le está siendo necesario curarse de los nacionalismos
estrechos y coercitivamente homogeneizadores que suelen practicar los
Estados-nación y se cuelan en la médula de los ciudadanos constituyendo
identidades cerradas al diálogo.
Las cosas en América Latina se presentan de otra
manera. Las propuestas para construir macrorregiones son tan antiguas como las
independencias, pero cada nuevo país, durante el siglo XIX, puso las miras en
constituir el Estado-nación con señas de identidad claras y distintas
(territoriales, poblacionales, culturales, etc.). Es más, cuando en las
primeras décadas del siglo XX vuelven a soplar vientos de una integración de
signo indoamericanista, se sigue pensando que la construcción de la nación
(deberían haber dicho del “Estado-nación) era todavía un proceso inacabado.
Pese a estos
intentos fallidos, en la segunda mitad del siglo XX se desarrollan procesos de
integración multinacional tanto en Centroamérica como en el Mundo Andino y en
el Sur, con las miras puestas preferentemente en el intercambio de mercancías.
En los últimos años la mirada se amplía a otras esferas de la vida social e,
incluso, aparece la propuesta de una integración de toda Sudamérica.
Como hemos dicho
arriba, la cooperación multilateral es un componente, no menor, del proceso de
constitución de los bloques multinacionales y de las relaciones entre ellos.
Esta condición de la cooperación hace que se introduzcan en ella nuevos temas y
nuevos actores y modelos de intervención. Veamos algunos de estos aspectos.
Junto a las ONG
–que, por cierto, siguen desempeñando roles importantes- se advierte en los
últimos lustros la presencia en el campo de la cooperación de organismos internacionales. Estos suelen tener un carácter
intergubernamental y, por tanto, gozan de mayor confiabilidad por parte de los
gobiernos. Es más, las líneas y los programas de cooperación de estos
organismos suelen ser decididos en reuniones y espacios intergubernamentales en
los que los representantes de los gobiernos tienen voz y voto. Para el caso de
América Latina más España y Portugal es, a este respecto, significativa la
reciente creación de
La cooperación
agenciada por y a través de los organismos internacionales suele estar directa
o indirectamente relacionada con las políticas
públicas e, incluso, contribuir a su elaboración o a su mejoramiento,
haciendo estudios preliminares, desarrollando experiencias piloto que deben ser
luego generalizadas, acompañando los procesos de aplicación de esas políticas y
contribuyendo a la evaluación de los resultados. No se trata ya de una intervención de corta
duración, que beneficia a un pequeño sector de la población, ubicado en un
territorio determinado, sino de una cooperación que se suma a los esfuerzos de
los Estados por resolver problemas generales de diversa índole: ambientales,
educativos, sociales, productivos, mercantiles, etc.
Además de mediada
por organismos internacionales y orientada a fortalecer políticas públicas, la
cooperación de nuestro tiempo suele ser multidireccional
porque se desarrolla en una época caracterizada por los procesos de
globalización, la constitución de bloques multinacionales, la primacía
manifiesta del mercado, la capacidad de decisión (en algunos casos, vinculante)
de organismos multinacionales, etc. Esta multidireccionalidad se manifiesta en
el hecho de que la cooperación misma es fruto de acuerdos entre grupos de
países que van dejando de mirarse como donantes y beneficiarios, para comenzar
a verse como co-operantes, es decir como países que trabajan juntos, por lazos de solidaridad o por la convergencia de
intereses, para conseguir determinados objetivos: desde la liberación de
barreras al comercio libre hasta el cuidado del planeta, la erradicación del
analfabetismo y del trabajo infantil, etc. Lo que quiero decir es que la
cooperación hoy se aleja del unidireccional modelo donante/beneficiario para
entenderse, al menos idealmente, como una relación en la que todos resultan o
deben resultar beneficiados porque, al ser co-operantes, todos son en unos
aspectos donantes y en otros beneficiarios. Esto contribuye a que se aleje,
aunque no desaparezca, el peligro de la verticalidad que estaba implícito en la
cooperación unidireccional. Por eso, cuando se hace en serio y con real
voluntad de co-operar, la cooperación hoy se vuelve horizontal.
No es raro que, con
estas características, la cooperación multidireccional sea más amplia. Sin dejar de lado los problemas que afectan a los
sectores más necesitados (pobreza, exclusión, marginalidad, analfabetismo,
condiciones no saludables de vida, etc.), la cooperación multilateral incorpora
asuntos que tienen que ver con todos, como la competitividad social, el
desarrollo científico-tecnológico, el medio ambiente, la transferencia
tecnológica, etc. Algunos de estos temas eran ya antes y siguen siendo objeto
de la cooperación intermediada por las ONG, pero la intervención de las ONG
estaba dirigida a cambiar las condiciones de vida de sectores marginados,
mientras que la nueva cooperación, la que es programada en los encuentros de
países y de bloques de países y gestionada por organismos internacionales, se
propone elaborar propuestas o apoyar el desarrollo de políticas de Estado sobre
estos temas.
La cooperación, que
en la forma bilateral es preferentemente civil, cuando es multilateral se
caracteriza por ser principalmente interestatal
o intergubernamental. Son ahora los gobiernos los que se ponen de
acuerdo, en espacios multinacionales e interregionales de concertación, para
decidir temas, agentes y modalidades de cooperación. La reunión de las autoridades de los países
de
Anotación final
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