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Lima, Peru
Filósofo e historiador. Nace en España en 1937 y llega al Perú como jesuita en 1957. Formación: humanidades clásicas y literatura, filosofía e historia. Especialización sucesiva: narrativa latinoamericana, filosofía moderna, filosofía de la existencia, historia de la emancipación peruana, pensamiento lukacsiano, historia de la ingeniería peruana y filosofía de la interculturalidad Profesor de la UNI (y rector 1984-89) y otras instituciones académicas en Perú, Budapest, Brasil y Túnez. Autor de 26 libros, 70 colaboraciones en obras colectivas y 150 artículos en revistas. Actualmente dirige el Centro de Historia UNI y es profesor de postgrado en la Universidad Nacional de Ingeniería. Participa activamente en el debate intelectual peruano desde la sociología de la literatura, el marxismo lukacsiano, las perspectivas postmodernas y la filosofía de la interculturalidad. En su libro "Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna" propone, como horizonte utópico de la actualidad, la convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades que enriquecen a la sociedad peruana. Contacto: jilopezsoria@gmail.com

25 sept 2026

 

Antonio Cornejo Polar y la pluralidad en la cultura.

En: Hueso húmero. Lima, 1982 (12-13), pp. 133-137. Reeditado: Mazzotti, José Antonio y Zevallos Aguilar, U. Juan (ebr..) (1996). Asedios a la heterogeneidad cultural. Libro de homenaje a Antonio Cornejo Polar. USA: Asociación Internacional de Peruanistas. pp. 505-511

El problema

Adelantándose a la ola de libros, charlas y conferencias sobre el problema de la cultura nacional, los estudiantes de San Marcos organizaron en octubre de 1980 una mesa redonda sobre “la cultura nacional: problema y posibilidad”. Dijeron entonces su palabra los doctores Pablo Macera Alfredo Torero y Antonio Cornejo. (Naturalmente, no tengo nada contra los doctores -secta a la que también yo pertenezco y por triplicado- pero me extraña la ausencia de representantes de la cultura popular). Un año más tarde, noviembre de 1981, Lluvia editores publica la intervención de Cornejo, debidamente corregida por su autor.

Cornejo Polar -en ese estilo tan puramente racional que le caracteriza- comienza señalando que “el problema” de las concepciones de la cultura en el Perú Ha estado en la atribución de unidad a una realidad que es objetivamente plural. Incluso quienes pretendieron, desde la ideología del mestizaje, acercarse a la pluralidad, quedaron presos de las limitaciones que conlleva el uso inconsciente de la unidad como categoría conceptual. Repasa luego las reflexiones de Riva-Agüero, Deustua, Gálvez, More, Sánchez y Chocano, Para concluir que todas ellas -aunque cada una a su manera- entienden la nación como unidad y, consecuentemente, se incapacitan para comprender la multiplicidad de lo real.

La posibilidad

Con Mariátegui y su cuestionamiento de la categoría de unidad como supuesto indispensable comienza, según Antonio Cornejo, a vislumbrarse un camino de salida hacia la correcta interpretación del “problema” de la “cultura nacional”. La afirmación del carácter plural de la cultura en el Perú es entendida por Cornejo como un expediente de defensa de las culturas no dominantes. Y junto a Mariátegui -como para completar la santísima trinidad- Coloca el maestro sanmarquino a Arguedas con su creencia de que en el Perú se pueden vivir todas las patrias, ir a Ciro Alegría con su admiración por “la sabiduría de los ignorantes”.

Redondeando el cuadro de los precursores, esboza Cornejo su propia posición continuando -se supone- en la dirección señalada por Mariátegui, Arguedas yAalegría.

Elogio de la pluralidad

La tesis de Cornejo queda expresa en la página 21 del folleto. Después de afirmar -con Mariátegui, dice- que “es en lo popular donde se encuentra el verdadero rostro de lo nacional” propone tres HP pasos lógicos para detectar el problema y descubrir la posibilidad de la cultura en Perú: 1º negar la idea de la unidad nacional; 2º afirmar la idea de la pluralidad; y 3º negar el valor nacional de algunas de las objetivaciones de esa pluralidad.

Cornejo sabe que por el camino de esta curiosa dialéctica, que comienza con el momento de la negación, podría desembocarse en un pluralismo indiferenciado y legitimador de cualquier objetivación cultural. Creo escapar a este peligro relievando la importancia del tercer momento y proponiendo (¿cuarto paso?) la categoría de totalidad concreta (histórica y conflictiva) como la más adecuada para el estudio de la cultura del Perú.

Puntos de crítica

La revisión que hace Cornejo del proceso histórico de las ideas y sobre la cultura se queda en la mera descripción sin llegar a la explicación. Para explicar, Cornejo habría tenido que dar cuenta de la función social desempeñada por las diversas concepciones “erróneas” de la cultura. Y esto le habría exigido meterse en el problema de la lucha de clases en el nivel ideológico, es decir en la dilucidación de los intereses de clase que -a su manera- se expresan en esas concepciones. Visto el problema desde esta perspectiva -que tampoco yo desarrollo aquí- se desvanece la importancia del carácter “erróneo” o “verdadero” de tal o cual concepción, porque el criterio de verdad queda historizado en cuanto que es puesto en relación con la posibilidad objetiva que se ofrece a una determinada clase social -en función de sus condiciones objetivas de existencia- para la aprehensión de la esencia de la realidad. No se trata, pues, como parece suponer el texto de Cornejo, de meras equivocaciones -susceptibles, por tanto, de ser corregidas en hombres de buena voluntad y no enceguecidos por el egoísmo- sino de representaciones aparienciales pero necesarias de la realidad, hechas en función de concretos e históricos intereses de clase. Y aprovecho para decir que la socorrida frase de Arguedas sobre la posibilidad de vivir todas las patrias por parte de “todo hombre no embrutecido por el egoísmo” ubica el problema y su solución en el nivel de la ética individual, tan del gusto del anticapitalismo romántico.

Un callejón sin salida

La filmación monda y lironda de que “es en lo popular donde se encuentra el verdadero rostro de lo nacional” es hija, igualmente, de un anticapitalismo romántico teñido de populismo iluminista o ilustrado. Con la participación en la admiración de Alegría por “la sabiduría de los ignorantes”, Cornejo se define como heredero de los ilustrados que defendían la bondad natural del “buen salvaje”. Efectivamente hay que pensar en esa sabiduría, como bien exige Cornejo, pero para desbrozar de ella todo lo que le ha sido introducido por la cultura dominante. Porque “lo popular” , tomado como se presenta en la inmediatez, no expresa de suyo los intereses de las clases subalternas. En lo popular se dan indicadas muchas cosas y se requiere una operación quirúrgica, dolorosa, para dar con los intereses de clase de las clases populares. El recurso lo popular sin especificaciones es, en la mayor parte de los casos, una mera “concesión a la galería”.

Hemos dicho que Cornejo propone tres pasos para pensar el problema de la cultura en el Perú: negar la unidad, confirmar la pluralidad y negar valor nacional algunas de las objetivaciones de esa pluralidad. Comenzar el proceso lógico negando la unidad conduce, a mi juicio, a un callejón sin salida. Nos quedamos sin agarraderos para definir el objeto de estudio. ¿En virtud de qué criterio hablamos del Perú si comenzamos negando su existencia como unidad? Puede responderse que lo que se niega es su carácter unitario, pero no su carácter plural. Y entonces pregunto: ¿A qué se refiere ese su? Lo que quiere decir que incluso quienes parten, como primera operación lógica, de la negación de la unidad han supuesto la existencia de esa unidad. Lo que hacen es -sin advertirlo- afirmar el carácter no armónico, conflictivo, contradictorio etc. de esa unidad.

Pero hay más. El camino propuesto por Cornejo termina en una pluralidad indiferenciada porque la negación de la unidad y su superación en la pluralidad no reconduce a una unidad superior. Adviértase que el tercer paso consiste la negación de valor nacional algunas manifestaciones culturales. Eliminadas estas como no nacionales, quedan todas las demás sin que ninguna de ellas se constituya en eje vertebrador de la unidad de la diversidad.

Una pregunta medular

Ya sé que no soy claro, pero a donde apunto es a mostrar las incoherencias de una curiosa dialéctica diádica (solo en apariencia es triádica) que, además, comienza por la negación. Creo que habría que comenzar afirmando la unidad, para luego negarla en la pluralidad y terminar negando-superando la pluralidad en una unidad superior: la unidad de la diversidad. Esta unidad de la diversidad no tiene nada que ver con esa pluralidad recortada de la que nos habla Cornejo. Y conste que me estoy refiriendo -para seguir en el nivel en el que Cornejo coloca la discusión- al proceso lógico. En la realidad, en el proceso histórico, habría no solo que identificar a la clase capaz de realizar la unidad de la diversidad, habría además que potenciar su acción contribuyendo a que se oriente por el camino de la construcción de la unidad. Todo esto tiene que ver con una pregunta medular: ¿qué clase cuenta con la posibilidad objetiva, y no solo con la aspiración subjetiva, hoy de convertirse en gestora de la unidad de la diversidad? Y para adelantar la solución, aunque sea solo en el plano teórico, respondería diciendo que tal posibilidad se da solo en aquella clase en cuyos intereses de clase están cifrados los intereses de la totalidad. Se trata, por tanto, de una clase particular que, sin dejar de ser tal, hoy cuenta con la posibilidad de objetiva de transformarse en clase universal.

Deus ex machina

Cornejo mismo vislumbra que la “posibilidad” de la cultura va esta dirección, por eso recurre a la categoría de totalidad concreta. Pero en él el recurso a esta categoría es un salto en fe, una exigencia ética, un gesto, una especie de “deus ex machina” que ciertamente no se deduce del proceso de su reflexión. Porque no se trata de echar mano de categorías que sabemos que son eficaces para el análisis de la realidad social, sino de llegar a esas categorías como necesidad lógica del desarrollo de la reflexión. Y como Cornejo no llega por este camino a la categoría de totalidad concreta, no es de extrañar que entienda por tal algo tan alejado de ella como esa pluralidad indiferenciada -aunque recortada- que quiso evitar.

En suma, la dialéctica propuesta por Cornejo no llega sino a una indiferenciada pluralidad que, evidentemente, puede ser útil para defender -dentro de las condiciones de existencia dadas- el derecho a la identidad y a la existencia de las culturas no dominantes, creo que ninguna manera ofrece real camino de salida para “la posibilidad” de la cultura en el Perú.

Respuesta a José Ignacio López Soria

    En: Hueso húmero, 1982 (14), pp. 158-159. Reeditado en: Reeditado: Mazzotti, José Antonio y   Zevallos Aguilar, U. Juan (ebr..) (1996). Asedios a la heterogeneidad cultural. Libro de   homenaje a Antonio Cornejo Polar. USA: Asociación Internacional de Peruanistas. pp. 510-511.

En Hueso húmero 12/13 mi amigo José Ignacio López Soria comenta lo que expuse en una mesa redonda sobre la cultura nacional. Escribo esta aclaración porque creo que me ha interpretado -y hasta leído- mal.

López Soria señala que mi “tesis” (en otra parte habla de “mera descripción”) se resume en los siguientes puntos: “1) negar la idea de unidad nacional; 2) afirmar la idea de pluralidad; y 3) negar el valor nacional de algunas de las objetivaciones de esa pluralidad”. Anoto al respecto solo lo esencial: el punto 3 no tiene el carácter conclusivo que le asigna López Soria, pues corresponde a una de las varias aclaraciones con que intento matizar el punto dos, de suerte que la conclusión a la que llego es otra, completamente distinta, y tiene que ver con la afirmación de la cultura peruana como totalidad histórica. López Soria no toma en cuenta esta categoría porque le parece, entre otras cosas un simple “salto en fe” ; por consiguiente, puede dedicarse a cuestionar, con amplia libertad, una propuesta que jamás he hecho.

Obviamente, no cabe repetir las razones que me llevan a juzgar insatisfactorio el concepto de pluralidad y a intentar superarlo mediante la inmersión de las muchas culturas que se producen en el Perú dentro de los conflictos y contradicciones de un solo curso histórico, el de la sociedad peruana, que es la instancia que permite afirmar la idea de totalidad; y puesto que no puedo repetir mis razones, no queda más que confiar en que el lector interesado encuentre el folleto en que se transcribe mi intervención en esa mesa redonda. Mientras tanto quisiera que se pusieran entre paréntesis algunos de los juicios de López Soria: ni soy tan ignorante como para emplear una “dialéctica diádica”, ni tan romántico como para resucitar la idea del “buen salvaje”, ni tan demagógico como para “hacer concesiones a la galería”, ni tan ingenuo como para creer en la incontaminación de la cultura popular (y lo digo expresamente: “no por defender esa identidad [de las culturas oprimidas] vamos a terminar defendiendo la oprobiosa situación social que las condiciona”); pero, eso sí, confieso no tener certidumbres tan dogmáticas, y en el fondo tan vanidosas, como para realizar eso que López Soria llama, con metáfora terrible, la “doloroso operación quirúrgica” destinada a extirpar de lo popular todo aquello que (¿según quién?) no corresponde a los verdaderos intereses del pueblo.

Añado que me divierte el empeño de López Soria por tipificar las herejías que habría cometido (“anticapitalismo romántico”, “populismo ilustrado”, etc.), pero me preocupa la inutilidad de este juego escolástico. ¿Ganaría algo el debate sobre la cultura nacional si alguien dijera que los planteamientos de López Soria son propios de un anti-idealismo mecanicista? No, ciertamente. Como tampoco llegan a nada recurriendo a los estereotipos más bastos, como lo hace López Soria cuando advierte, con entusiasmo de verdad incomprensible, que la solución consiste en afirmar “la unidad de la diversidad”. Insólito y novedosísimo descubrimiento, sin duda.

Antonio Cornejo Polar

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