José Ignacio López Soria
Introducción
En el mundo occidental, las actuales reflexiones sobre diálogo e interculturalidad se nutren, por cierto, del pensamiento que nos viene de nuestra propia tradición filosófica, especialmente de la hermenéutica. Pero no es la filosofía la que ha puesto en agenda hoy la necesidad de pensar en perspectiva intercultural y dialógica, sino la realidad misma. Es, pues, la actualidad, como veremos enseguida, la que nos convoca a pensar la diferencia y a explorar las potencialidades del diálogo para una convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades. Al prestar oído atento a esa convocatoria, la filosofía piensa lo que más merece que pensemos, porque lo que más merece que pensemos es aquello que nos constituye en lo que somos y nos permite asomarnos a lo que podríamos y deberíamos ser.
Este texto, con algunas modificaciones, fue
presentado como ponencia en: Jornada de reflexión generativa “La
interculturalidad en un enfoque dialógico”. Antigua Guatemala, 19-21 mayo 2010.
Publicado en: Revista paraguaya de educación. Asunción: MEC/OEI/Santillana, n° 1,
setiembre 2010, p. 77-88. Y en: Rodríguez Rea, Miguel Angel y Nelson Osorio
Tejada. La filosofía como repensar y
replantear la tradición. (Libro de homenaje a David Sobrevilla). Lima:
URP/Editorial Universitaria, 2012, p. 115-126.
A David Sobrevilla,
con
afecto y admiración por su obra.
Introducción
En el mundo occidental, las actuales reflexiones sobre diálogo e interculturalidad se nutren, por cierto, del pensamiento que nos viene de nuestra propia tradición filosófica, especialmente de la hermenéutica. Pero no es la filosofía la que ha puesto en agenda hoy la necesidad de pensar en perspectiva intercultural y dialógica, sino la realidad misma. Es, pues, la actualidad, como veremos enseguida, la que nos convoca a pensar la diferencia y a explorar las potencialidades del diálogo para una convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades. Al prestar oído atento a esa convocatoria, la filosofía piensa lo que más merece que pensemos, porque lo que más merece que pensemos es aquello que nos constituye en lo que somos y nos permite asomarnos a lo que podríamos y deberíamos ser.