Datos personales

Mi foto
Lima, Peru
Filósofo e historiador. Nace en España en 1937 y llega al Perú como jesuita en 1957. Formación: humanidades clásicas y literatura, filosofía e historia. Especialización sucesiva: narrativa latinoamericana, filosofía moderna, filosofía de la existencia, historia de la emancipación peruana, pensamiento lukacsiano, historia de la ingeniería peruana y filosofía de la interculturalidad Profesor de la UNI (y rector 1984-89) y otras instituciones académicas en Perú, Budapest, Brasil y Túnez. Autor de 26 libros, 70 colaboraciones en obras colectivas y 150 artículos en revistas. Actualmente dirige el Centro de Historia UNI y es profesor de postgrado en la Universidad Nacional de Ingeniería. Participa activamente en el debate intelectual peruano desde la sociología de la literatura, el marxismo lukacsiano, las perspectivas postmodernas y la filosofía de la interculturalidad. En su libro "Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna" propone, como horizonte utópico de la actualidad, la convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades que enriquecen a la sociedad peruana. Contacto: jilopezsoria@gmail.com

24 sept 2026

 

Educación, ciudadanía e interculturalidad

Presentación del libro: Alfaro, Santiago; Ansion, Juan Ansión y Tubino, Fidel ed). Ciudadanía Intercultural. Conceptos y pedagogías desde América Latina. Lima: PUCP/Fondo Editorial, 17 septiembre 2008.

En el 2004 se reunió un grupo de profesores de universidades latinoamericanas para elaborar, a partir de sus experiencias institucionales, propuestas pedagógicas culturalmente pertinentes y conceptualmente renovadas en educación ciudadana intercultural para pueblos indígenas. El grupo elaboró y puso en marcha, con el apoyo de la Fundación Ford, el proyecto “Educación ciudadana intercultural para los pueblos indígenas de América Latina en contextos de pobreza”, con la finalidad de compartir y sistematizar experiencias en un proceso de interaprendizaje.

Desde el inicio participaron en el grupo el Programa PROEIB-Andes de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba, la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de México y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Luego se incorporaron la Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador/Quito y la Universidad Federal de Roraima de Brasil. Juntas estas instituciones han constituido la Red Internacional de Estudios Interculturales.

Como se dice en la Introducción, las preguntas que orientaron las investigaciones y actividades iniciales del grupo y que siguen orientando hoy sus trabajos son las siguientes: “¿Qué replanteamientos teóricos y metodológicos presupone una educación ciudadana con enfoque intercultural para pueblos indígenas?, ¿Cómo hacer educación ciudadana desde la concepción ilustrada de los derechos humanos en contextos de tradición comunitaria, sin caer en etnocentrismos soterrados?, ¿Cómo lograr que la doctrina clásica de los derechos humanos adquiera legitimidad cultural en contextos distintos a aquel que le diera origen?, ¿Qué innovaciones pedagógicas es preciso realizar para que las personas de otros horizontes culturales puedan encontrarle valor y sentido al ejercicio pleno de la ciudadanía desde sus propias visiones del mundo?, ¿Qué podemos aprender de esas otras visiones del mundo para ampliar, y por qué no, reformular nuestra concepción de ciudadanía y derechos humanos?, ¿Qué presupone el ejercicio de la ciudadanía y el diálogo intercultural en contextos asimétricos?, ¿Cómo hacer educación ciudadana evitando enfoques asimilacionistas que parten de ideologías y categorizaciones, histórica y culturalmente particulares, que se presentan como universales?” (p. 12)

Para responder a estas interrogaciones o reformularlas a partir de las experiencias de educación intercultural que cada miembro había desarrollado previamente, el grupo se reunión en Quito el 2007. El libro que hoy presentamos (Alfaro, Santiago; Juan Ansión y Fidel Tubino (ed). Ciudadanía Intercultural. Conceptos y pedagogías desde América Latina. Lima: PUCP/Fondo Editorial, 2008), recoge los documentos que allí se expusieron y las ideas que se debatieron.

Después de una introducción que resume el contenido del libro y saca importantes conclusiones, el texto se divide en dos partes. La primera está centrada en la presentación de los marcos conceptuales desde los que se abordó el tema, y la segunda dedicada a dar cuenta de las propuestas pedagógicas implícitas en el desarrollo de las experiencias. Como se trata de seis experiencias, una por país, son también seis los marcos conceptuales y las propuestas pedagógicas. Una reflexión al inicio de cada parte ubica el tema en el contexto latinoamericano.

 Con frecuencia, los autores de la reflexión teórica son los mismos que dan cuenta de las propuestas pedagógicas. Esto permite suponer que los marcos conceptuales iniciales, que sirvieron para diseñar las experiencias educativas, se vieron luego enriquecidos por esas mismas experiencias.

Las coincidencias y los aportes específicos de las diversas reflexiones conceptuales y propuestas pedagógicas son recogidos en la Introducción. Con respecto a los marcos conceptuales se señalan tres coincidencias: primera, la conciencia de la necesidad de reformular la noción clásica de ciudadanía porque ella no recoge los derechos colectivos, tiende a la homogeneización confundiendo equidad con homogeneidad y reduce las diferencias culturales al ámbito de lo privado; segunda, la aceptación de que el concepto liberal de ciudadanía no posee legitimidad intercultural porque no responde a la demanda de los pueblos indígenas ni está enraizada en sus tradiciones; y tercera, la definición misma de interculturalidad, concepto que los autores entienden no desde una perspectiva funcional, es decir como un expediente que utilizan los Estados nacionales para producir homogeneidad, sino desde una perspectiva crítica, lo que los lleva a entender los conflictos interculturales como expresión de una violencia simbólica que, a su vez, está relacionada con estructuras sociales injustas.

Estas coincidencias se enriquecen y contrastan con aportes específicos que están relacionados con los contextos propios de cada país. Tanto en Bolivia como en Ecuador, el movimiento indígena se reafirma en la idea de que no es posible llevar a la práctica una ciudadanía incluyente de la diversidad sin, al mismo tiempo, cambiar las relaciones de poder y, concretamente, el modelo de Estado-nación, construyendo un Estado plurinacional que recoja las demandas culturales pero también las expectativas políticas y económicas de los pueblos. En México, se acentúa la oposición al sistema de dominación imperante y se propone el retorno al “arraigo territorial” o reapropiación del territorio, así como la recuperación de las formas de “democracia activa”, propias de las comunidades indígenas. En el caso del Perú, sin embargo, los autores consideran que “ … los movimientos indígenas no plantean un cambio de modelo de Estado nacional como requisito para el ejercicio de una ciudadanía intercultural.” (p. 19), sino la organización de una comunidad política que concilie los derechos individuales con los colectivos, permitiendo a todos participar en los beneficios políticos, económicos y culturales. Nicaragua apuesta por la creación de mecanismo y espacios de participación real en la gestión pública por parte de los pueblos indígenas, mientras que en Brasil las demandas del movimiento indígena están orientadas al reconocimiento de los territorios ancestrales y de la identidad étnica, y a la valoración de las lenguas indígenas.

También en las propuestas pedagógicas, relacionadas más directamente con las prácticas de educación y ciudadanía interculturales, se advierten, como señala acertadamente la Introducción, importantes puntos de encuentro. Todas ellas comparten una misma utopía, buscan un mundo sin racismos ni discriminaciones, y piensan que la educación ciudadana intercultural se inscribe ya en el camino hacia esa utopía. Por otra parte, consideran que el principio interculturalidad no debe reducirse al ámbito de la cultura, sino proyectarse también al mundo macrosocial. Coinciden, además, en la consideración de que una educación significativa debe estar culturalmente situada y, por tanto, tiene que partir de los saberes locales, reconocer la autoría indígena y asumir y reivindicar la propia historia. Concuerdan también en la idea de que la educación ciudadana intercultural es para todos y no solo para indígenas. Y, finalmente, insisten todos en que una educación transformadora como la que buscan debe ser integral y no quedarse solo en los aspectos cognitivos, debiendo, por tanto, explorar nuevos métodos y formas de organización de los procesos y ámbitos de aprendizaje.

Después de esta presentación general, me permito recomendar la lectura especialmente atenta de los dos textos de síntesis, de la primera y de la segunda parte, porque en ellos se elabora una sistematización del marco conceptual, en un caso, y de las propuestas pedagógicas, en el otro. No voy a detenerme en ellos, pero quiero dejar anotado que el marco conceptual que propone el profesor chileno Álvaro Bello Maldonado, autor de la sistematización de la primera parte, podría resumirse en la siguiente frase: “… pensar la ciudadanía desde la diferencia y la diversidad, desde la interculturalidad, significa la posibilidad de adecuar la realización de los derechos económicos, sociales y culturales de las personas a su propio contexto, cotidianidad y expectativas, lo que significa un cambio en las nociones actuales de Estado, mercado y sociedad.” (p. 38). Por su parte, la profesora ecuatoriana María Elena Ortiz Espinoza, responsable de la sistematización de las propuestas pedagógicas, después de presentar y discutir los dos modelos más frecuentes en la educación latinoamericana de hoy, el cognitivo-constructivista y el histórico-contextual, concluye que estos dos modelos han convivido en las diferentes experiencias desarrolladas por las instituciones que componen RIDEI, y termina anotando que “ … se hace necesario seguir pensando sobre el modelo o los modelos para la educación ciudadana intercultural, tomando en consideración las fortalezas y limitaciones de los modelos usados en la educación institucionalizada.” (232)

No quiero terminar sin dejar sueltas un par de reflexiones a las que el libro me convoca. Lo primero que quiero anotar es que la lectura de la sistematización del marco conceptual me lleva a considerar que la propuesta teórico-política que en ella se hace nace de una nueva manera de hacer la experiencia pedagógica. Todo parece indicar que el marco teórico es pensado desde el desarrollo de las propuestas pedagógicas. Es decir, las experiencias pedagógicas concretas son vistas como una especie de ámbito hermenéutico u horizonte de significación que incluye tanto a los educadores como a los educandos, y que invita a formular nuevas propuestas teóricas sobre educación intercultural y ciudadanía. Dada la variedad de esas experiencias, no es raro que entre los marcos conceptuales propuestos haya diferencias significativas.

Pero, curiosamente, la sistematización de las propuestas pedagógicas vuelve a los caminos tradicionales del pensamiento y las prácticas educativas: lee las experiencias desarrolladas por RIDEI desde las teorías y los métodos consagrados, y considera esas experiencias como prácticas de “validación” –término especialmente querido por la pedagogía tradicional- de dichas teorías y métodos.

No es raro, por eso, que mientras la primera sistematización invita a pensar la ciudadanía desde la diferencia y la diversidad y convoca a un cambio de las actuales configuraciones del Estado, el mercado y la sociedad, la segunda sistematización se limita a recomendar que se tengan en cuenta las fortalezas y limitaciones de la educación tradicional para diseñar la educación ciudadana intercultural. Esta diversidad de perspectivas, a las que se alude reiteradamente en el libro, manifiesta de suyo que las instituciones que se juntan en RIDEI saben convivir con la diferencia. Pero manifiesta, además, que, como dijera tempranamente Nietzsche, en verdad no hay hechos sino interpretaciones. Y situarse en el ámbito de la interpretación es especialmente necesario para personas e instituciones que se comprometen con la educación y la ciudadanía interculturales.

Mi segunda anotación, no tan diversa de la anterior, tiene que ver con la riqueza y discutibilidad de los conceptos y preguntas del libro. Los textos están poblados de conceptos clave –ciudadanía, interculturalidad, multiculturalidad, educación intercultural, ciudadanía intercultural, derechos culturales, étnicos, territoriales, ambientales y simbólicos, estado-nación, estado multinacional, pluralismo jurídico, conflicto intercultural, etc.-, que, precisamente por no ser usados unívocamente, dan cuenta de los diversos horizontes culturales en los que se inscriben quienes pensaron, hicieron y sistematizaron los marcos teóricos y las propuestas pedagógicas. En el libro, tanto los unos como las otras se vuelven lenguaje, un lenguaje que hablamos y por el que somos hablados, una heredad que poseemos y que nos facilita el encuentro, pero que hace también posible la expresión de las diferencias que nos enriquecen.

Al iniciar esta intervención dí cuenta de las preguntas que orientaron el pensamiento y las prácticas de interculturalidad que el libro recoge. También en ellas, como en el caso de las sistematizaciones y de los conceptos clave, se advierten disarmonías y desencuentros. Si bien algunas de ellas convocan a evitar enfoques asimilacionistas formulados desde particularidades que se presentan como universales, a poner de manifiesto los contextos asimétricos en los que se desarrolla el ejercicio de la ciudadanía, a entender al otro como fuente de gozo y enriquecimiento, a facilitar el ejercicio pleno de la ciudadanía desde las pertenencias culturales de cada uno; hay otras preguntas que, sin decirlo, apuntan a que la educación ciudadana con enfoque intercultural sea para los pueblos indígenas, y a que los pueblos con tradición comunitaria asimilen y provean de legitimidad a la versión ilustrada de los derechos humanos. Leo estas discordancias no propiamente como incoherencias sino como inseguridades en la exploración de un terreno que sabemos que está sembrado de incertidumbres, como perplejidad o escucha atenta de la complejidad que nos envuelve cuando nos comprometemos intelectual, ética y políticamente con la búsqueda de una convivencia digna, enriquecedora y gozosa de las diversidades que nos pueblan.

 

 

Educación y patrón de sociedad. Carta de José Ignacio López Soria

Con alguna variación, artículo en: La República, 28 ago. 2017, p. 4.

A juzgar por los últimos acontecimientos pareciera que el problema educativo se centra en si va o no el inciso c del artículo 53 de la Ley de Reforma Magisterial: no aprobar por tercera vez la evaluación de desempeño es causa de retiro de la carrera.

El mencionado inciso se puede dejar como está o se puede morigerar e incluso eliminar, pero la educación seguirá siendo la cenicienta en los presupuestos y la última de las preocupaciones políticas mientras sigamos con un “patrón de sociedad” que no necesita educación de calidad. Que no busca calidad efectiva, sino solo cacareada.

Lo cierto es que el “patrón de sociedad” que mantenemos en “piloto automático” no insume educación de calidad ni en el mundo de la política ni en el de la economía. Lo que sí hace ese patrón es afincar una contradicción entre los ámbitos político y económico, de un lado, y el educativo, del otro.

De los primeros diríase que “todo está permitido”, por eso imperan alli la improvisación, el privilegio, el rentismo, el privatismo, la inequidad, cuando no la corrupción; mientras que en el mundo de la educación se están introduciendo, con variable éxito, las prácticas de la meritocracia y la innovación.

Es decir, estamos tratando de que la educación se “ponga al día”, y ello es fundamental, pero, al mismo tiempo, permitimos que la política y la economía sigan en prácticas primitivas, como el clientelismo político y la centración económica en la exportación primaria.

Mientras exigimos, y con razón, que la educación juegue en primera división, nos aferramos a un patrón social (político y económico) de tercera división. Con una educación realmente de calidad y asentada en principios éticos tendríamos al final un mundo adulto sobrecalificado para una realidad política y económica tan chata como la nuestra.

Naturalmente no pretendo que la nivelación sea por abajo. No es que haya que arriar las banderas del mejoramiento educativo para acomodar la educación a la chatura de la política y la economía. Pero lo que sí hay que hacer, precisamente para que los esfuerzos por la pertinencia y calidad de la educación tengan sentido y sean sostenibles, es olvidarnos del “piloto automático” y tomarnos en serio la ineludible necesidad de diseñar y llevar a la práctica un patrón social (político y económico) que realmente se alimente de educación de calidad. Se constituiría así una coherencia interna entre educación, política y economía que es la mejor garantía de que las cosas marchen como es debido.

Otro gallo cantaría, digo yo, si se pensase la solución no solo del petitorio del magisterio en huelga, sino de los problemas que la huelga pone al descubierto, a la luz de una concurrencia mutuamente potenciadora entre educación, política y economía.

 

 

Educación y patrón de sociedad. Carta de José Ignacio López Soria

Con alguna variación, artículo en: La República, 28 ago. 2017, p. 4.

A juzgar por los últimos acontecimientos pareciera que el problema educativo se centra en si va o no el inciso c del artículo 53 de la Ley de Reforma Magisterial: no aprobar por tercera vez la evaluación de desempeño es causa de retiro de la carrera.

El mencionado inciso se puede dejar como está o se puede morigerar e incluso eliminar, pero la educación seguirá siendo la cenicienta en los presupuestos y la última de las preocupaciones políticas mientras sigamos con un “patrón de sociedad” que no necesita educación de calidad. Que no busca calidad efectiva, sino solo cacareada.

Lo cierto es que el “patrón de sociedad” que mantenemos en “piloto automático” no insume educación de calidad ni en el mundo de la política ni en el de la economía. Lo que sí hace ese patrón es afincar una contradicción entre los ámbitos político y económico, de un lado, y el educativo, del otro.

De los primeros diríase que “todo está permitido”, por eso imperan alli la improvisación, el privilegio, el rentismo, el privatismo, la inequidad, cuando no la corrupción; mientras que en el mundo de la educación se están introduciendo, con variable éxito, las prácticas de la meritocracia y la innovación.

Es decir, estamos tratando de que la educación se “ponga al día”, y ello es fundamental, pero, al mismo tiempo, permitimos que la política y la economía sigan en prácticas primitivas, como el clientelismo político y la centración económica en la exportación primaria.

Mientras exigimos, y con razón, que la educación juegue en primera división, nos aferramos a un patrón social (político y económico) de tercera división. Con una educación realmente de calidad y asentada en principios éticos tendríamos al final un mundo adulto sobrecalificado para una realidad política y económica tan chata como la nuestra.

Naturalmente no pretendo que la nivelación sea por abajo. No es que haya que arriar las banderas del mejoramiento educativo para acomodar la educación a la chatura de la política y la economía. Pero lo que sí hay que hacer, precisamente para que los esfuerzos por la pertinencia y calidad de la educación tengan sentido y sean sostenibles, es olvidarnos del “piloto automático” y tomarnos en serio la ineludible necesidad de diseñar y llevar a la práctica un patrón social (político y económico) que realmente se alimente de educación de calidad. Se constituiría así una coherencia interna entre educación, política y economía que es la mejor garantía de que las cosas marchen como es debido.

Otro gallo cantaría, digo yo, si se pensase la solución no solo del petitorio del magisterio en huelga, sino de los problemas que la huelga pone al descubierto, a la luz de una concurrencia mutuamente potenciadora entre educación, política y economía.

 

 

Alfonso Ibáñez Izquierdo: de la educación popular a la filosofía política

 

                                Versión ligeramente corregida de la original aparecida en: Tarea. Revista de educación y cultura. Lima, nº 91, julio 2016, p. 72-75.

 

Conocí a Alfonso Ibáñez (Arequipa 1948, Guadalajara 2016) en 1979 en un viejo castillo de Cerisy-la-Salle, en Normandía, en donde funcionaba un prestigioso centro cultural. Tuvo lugar allí un largo (10 días) y enjundioso coloquio organizado por el filósofo Michaël Löwy para analizar y debatir, en un pequeño grupo, los aportes de György Lukács y Lucien Goldmann. Entre los participantes sobresalían Á. Heller, F. Fehér, N. Tertulian, N. Rudich, Gy. Márkus, J. Gabel, M. Jiménez, L. Boella, V. Leduc, Z. Tordaï, M. Ziemek, J.-L. Ferrier, S. Naïr y unos pocos estudiosos más de las obras de Lukács y Goldmann. Las presentaciones y debates versaron, entre otros temas, sobre la sociología del conocimiento y de la literatura, el sujeto trascendental y transindividual, la ontología, la teoría de lo trágico, el historicismo, el dios oculto, la dialéctica de la totalidad, la creación artística, la novela y las mujeres, el problema de la individualidad y la teoría de clases sociales. Löwy invitó a tres de sus alumnos, uno de ellos era Alfonso.

Ofrezco estos detalles para hacer ver que, mientras estudiaba teología en el Centre Sèvres (jesuitas) de Paris y hacía el doctorado en filosofía en la Université Paris VIII, Alfonso frecuentaba círculos de intelectuales que tenían un manifiesto compromiso ético y político con la liberación. Se trataba para todos de pensar la manera más fructífera de comprometerse en la práctica con la implantación de la justicia. En el caso de quienes vivían en países del “socialismo real” de entonces, estaban especialmente interesados en deshacerse de esa “dictadura de las necesidades” (terminología de A. Heller) que impedía el despliegue pleno de la posibilidad humana.

Antes de esta última etapa formativa, Alfonso había hecho sus estudios básicos en el colegio San José de Arequipa, su formación jesuítica inicial y de humanidades clásicas en Huachipa (Lima) y la licenciatura en filosofía en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Durante la formación, aprovechando ventanas entreabiertas al pensamiento alternativo e implicándose en la educación comunitaria y popular, Alfonso fue no solo aprendiendo a mirar el mundo desde perspectivas diversas a las dominantes, sino también comprometiéndose éticamente con lo que de ellas se derivaba para la práctica social. Me atrevería a decir -a partir de lo que conocí después de Alfonso- que este maridaje bien avenido entre teoría alternativa y práctica social fue llevando a Alfonso a un posicionamiento ético-filosófico que no podía madurar sino como posicionamiento político. Al calor de este maceramiento de ideas y formas de vida se fue enfriando su primigenia vocación religiosa.

Volví a entablar relación con Alfonso precisamente en esta etapa, cuando al final de su vida jesuítica, comenzó a frecuentar el círculo de Aníbal Quijano, que componíamos entonces Rodrigo Montoya, César Germaná, Mirko Lauer, Peri Paredes, Alberto Rocha, Roberto Arroyo, Felipe Portocarrero, Manuel Valladares, Alfonso y yo, si no se me escapa algún nombre.  Era el comienzo de los años 80. Los miembros del círculo, menos Lauer y yo, estaban, de una u otra manera, comprometidos con el Movimiento Revolucionario Socialista, una agrupación política creada por Quijano. Y todos juntos hacíamos la revista Sociedad y política, que fundara Quijano en 1972, y que, como bien señala Rochabrún (2007, p. 378), respondía a la clara conciencia que entonces había “de que la izquierda debía elevar su nivel teórico”.  Nadie más idóneo para desempeñar era tarea -creíamos entonces con inconfesada autocomplacencia- que quienes habíamos tenido el “privilegio” de recibir una formación de calidad.

 

Recuerdo bien que Alfonso, de agudo aunque de poco hablar, andaba lejos de ese elitismo iluminista, tal vez, digo yo, porque estaba cerca de la gente, porque su trabajo en el Centro (pastoral) de Educación de Ilo, en la Asociación Tarea, en el Centro Latinoamericano de Trabajo Social y en el Servicio Educativo del Agustino le estaba enseñando a mirar la realidad desde una perspectiva que no había aprendido en su larga carrera académica.

  En medio de ese trabajo social, Alfonso no descuidó su exploración teórica: Mariátegui, Marx, Ágnes Heller, Cornelius Castoriadis y tantos más. Al socialista peruano se aproximó tempranamente, ya en 1978, con un libro sobre revolución y utopía en Mariátegui (Ibáñez, 1978) y el artículo “Mariátegui y los movimientos sociales (Ibáñez, 1985), para volver luego con Mariátegui hoy, un libro que escribe al alimón con el filósofo francés Francis Guibal y que publica Tarea en 1987 (Guibal & Ibáñez, 1987) y con “Mariátegui: los movimientos sociales y la democracia” (Ibáñez, 1995) y “Mariátegui: un marxista nietzscheano” (Ibáñez, 2001a), para desembocar en los ensayos “La utopía del ‘Socialismo Indoamericano’ de Mariatégui” (Ibáñez, 2007) y “El hombre matinal de Mariátegui: un marxista nietzscheano” (Ibáñez, 2009).   De Marx aprendió que lo importante era “pensar la acción y actuar el pensamiento” (Ibáñez, 1983, p. 61). De la discípula de Lukács se ocupa en el libro Agnes Heller: la satisfacción de las necesidades radicales. Una aproximación al pensamiento socialista de la Escuela de Budapest, que aparece en 1989 en Lima y luego en San José (Ibáñez, 1989). Del filósofo greco-francés, Cornelius Castoriadis (fundador, con C. Lefort, J.F. Lyotard y varios más, del grupo luxemburguista y consejista llamado Socialisme ou Barbarie y de la revista del mismo nombre) se ocupó Alfonso cuando estaba ya en la Universidad de Guadalajara. En 2004 apareció su ensayo “Castoriadis o el proyecto de autonomía democrática” (Ibáñez, 2004), y en 2006, con Francis Guibal, publica el libro Cornelius Castoriadis: lo imaginario y la creación de la autonomía (Guibal, 2006) que también apareció en Lima en 2009. De Nietzsche se ocupa en 2001, con  “Nietzsche entre nosotros”, y al teólogo alemán Franz Josef Hinkelammert, uno de los exponentes y promotores de la teología de la liberación, se acerca Alfonso en 2012 con “Hinkelammert: la rebelión del sujeto viviente ante la estrategia de globalización” (Ibáñez, 2012).

Pero el trabajo intelectual de Alfonso no se agota en el estudio y la exposición del pensamiento de otros filósofos. No deja de ser significativo un texto de Adolfo Sánchez Vázquez que Alfonso pone como encabezamiento de su ensayo “La ética del discurso en América Latina” (Ibáñez, 1999, p. 19)): “toda filosofía que aspire a descender del cielo de la abstracción a los problemas concretos que plantea el mundo en que vive, no puede ser indiferente a la necesidad de esclarecer sus problemas fundamentales, morales y políticos. Solo así puede contribuir … a que lo que existe hoy, con toda su causa de miserias, injusticias, enajenaciones, sea de otra manera.” 

En ese trabajo, para que lo que existe sea de otra manera, Alfonso se empeñó en esclarecer nuestras concretas condiciones de existencia con libros como Educación Popular y Proyecto Histórico (Ibáñez, 1988), Alcances políticos y culturales de la educación popular (Ibáñez, 1991) y Pensando desde Latinoamérica. Ensayos sobre modernidad, democracia y utopía (Ibáñez, 2001b), y con el ensayo “Los desafíos de la reforma intelectual y moral” (Ibáñez, 1996). Pero, además de esclarecer, Alfonso se encargó de promover la apuesta por la utopía. Lo hizo, en primer lugar, en Para repensar nuestras utopías. Materiales de cultura política (Ibáñez, 1993) y prosiguió con el tema en los ensayos “Reivindicación de la utopía” (Ibáñez. 2008) y “El profetismo utópico de la ‘civilización de la pobreza’” (Ibáñez, 2010a), en el libro Utopías y emancipaciones desde Nuestra América (Ibáñez, 2010b) y en los estudios “Un acercamiento al ‘buen vivir’” (Ibáñez, 2012) y “El Buen Vivir como un proyecto civilizatorio intercultural” (Ibáñez, 2014). Estos últimos anticipan su aporte final, esta vez con Gloria Caudillo, con el libro El Horizonte de existencia intercultural del  Buen vivir  o Vivir bien. Aproximaciones (Ibáñez, 2015).   

     En esa búsqueda afanosa de horizontes para la utopía, la perspectiva intercultural fue, igualmente, cultivada con esmero por Alfonso. A los textos mencionados se pueden añadir otros como “El multiculturalismo en América Latina” (Ibáñez, 2002) y “Los desafíos del diálogo intercultural” (Ibáñez, 2011), o el dedicado al movimiento zapatista, “La utopía de ‘Un mundo donde quepan todos los mundos’” (Ibáñez, 2009)-, un proceso social que, como me consta por nuestro intercambio epistolar, le convocaba especialmente al pensamiento.

No he destacado su labor docente, pero también ella da testimonio de los mismos posicionamientos teóricos y ético-políticos. Después de trabajar en El Agustino, Ilo y la Asociación Tarea, donde su compromiso con la educación popular fue manifiesto, se dedica preferentemente al trabajo universitario, primero en la universidad de San Marcos, en Lima, y luego en el Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara (México) y en el Departamento de Filosofía del Instituto Tecnológico de Occidente (universidad jesuita de Guadalajara). En esta última institución, por ejemplo, imparte seminarios sobre teoría política, Habermas y filosofía de la cultura. Gracias a la calidad de su trabajo académico, obtuvo la condición de miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.

Termino con un par de anotaciones. En primer lugar, su mariateguismo era tan acendrado que, como a muchos mariateguistas, no le cayó bien mi Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna (López Soria, 2007). Yo mismo le pedí que lo leyera con ojos críticos y efectivamente lo hizo. Sus anotaciones, tituladas “J. I. López Soria, ¿un Vattimo limeño?”, fueron publicadas, seguidas de mis comentarios a ellas, en la revista Hueso húmero (Ibáñez, 2008). Sostenía Alfonso que el pensamiento débil de corte vattimiano es conformista y eurocéntrico y que no se puede incluir a Mariátegui en las filas del pensamiento moderno, ni debemos despedirnos de él porque continuamos en el capitalismo dominante y subordinador. Destaco, en segundo lugar, que de las tres dimensiones del trabajo de Mariátegui (constitución de una nueva sociedad basada en relaciones sociales justas y equitativas, puesta en escena de la política y provisión de sentido a la acción social a través del discurso), a Alfonso le interesan  especialmente la primera y la tercera, porque ellas alimentan la batalla teórica y práctica a la que la realidad y los problemas sociales le convocan, una batalla que se resume en la apuesta por la liberación y la utopía, la dedicación a la educación popular, la búsqueda de enriquecimiento explorando diversos territorios intelectuales y el acercamiento a la interculturalidad y al “buen vivir” para dar densidad teórica y sentido práctico a su posicionamiento ético-político por el cambio profundo de las formas de convivencia social.  Porque, en resumen, ese fue el compromiso permanente de Alfonso: trabajar en el ámbito de la teoría y de la práctica para que lo que hoy existe, plagado de injusticia e inequidad, “sea de otra manera.”

 

Referencias bibliográficas (la lista de trabajos que mencionamos de Alfonso Ibáñez es solo una muestra de su amplia producción intelectual)

 

Guibal, Francis & Alfonso Ibáñez (1987). Mariátegui hoy. Lima: Tarea.

Guibal, Francis & Alfonso Ibáñez (2006). Cornelius Castoriadis: lo imaginario y la creación de la autonomía. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

Ibáñez, Alfonso (1978). Educación Popular y Proyecto Histórico. Lima: Tarea.

------ (1978). Mariátegui: Revolución y utopía. Lima: Tarea.

------ (1983). Las fracturas de Marx. Sociedad y política, Lima, 4 (13), 61-63.

------ (1985). Mariátegui y los movimientos sociales. Tarea. Revista de cultura. Lima, (12), 38-41.

------ (1988). Educación Popular y Proyecto Histórico. Lima: Tarea.

------ (1989). Agnes Heller: la satisfacción de las necesidades radicales. Una aproximación al pensamiento socialista de la Escuela de Budapest. Lima: IAA/Sur, 1989). Aparecido también en: (1991). San José: DEI.

------ (1991). Alcances políticos y culturales de la educación popular. Lima: Desco.

------ (1993). Para repensar nuestras utopías. Materiales de cultura política.Lima: Sur/Tarea.

------ (1995). Mariátegui: los movimientos sociales y la democracia. Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad. Guadalajara, II (4), 17-26.

------ (1996). Los desafíos de la reforma intelectual y moral. Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad, Guadalajara, II (6), 45-57.

------ (1999). La ética del discurso en América Latina. Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad, Guadalajara, V (14), 19-48.

------ (2001a). Mariátegui: un marxista nietzscheano. Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad. Guadalajara, VIII (22), 11-24.

------ (2001b). Pensando desde Latinoamérica. Ensayos sobre modernidad, democracia y utopía. Guadalajara: U. de Guadalajara.

------ (2002). El multiculturalismo en América Latina. Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl, Guadalajara , 11(2), 179-186.

------ (2004). Areté. Revista de Filosofía, Lima, XVI (2), 207-241.

------ (2007). Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl, Guadalajara, 16 (3), 223-246.

------ (2008). Hueso húmero, Lima, (52), 153-161.

------ (2008). Xipe Totek.  Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl, Guadalajara, 17  (3), 260-263.

------ (2009). Razón práctica y asuntos públicos. Revista de ética y filosofía política [revista electrónica], Lima, (12).

------ (2009). Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl. Guadalajara, 18 (2), 138-153.

------ (2010a). Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl. Guadalajara, 19 (1), 22-39.

------ (2010b). Utopías y emancipaciones desde Nuestra América. San José, 2010 y Lima: Tarea, 2011)

------ Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl. Guadalajara, 20 (1), 28-43.

------ (2012). Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl, Guadalajara, 21 (83), 218-259.

------ (2012). Un acercamiento al “buen vivir”. Xipe Totek. Revista trimestral del Departamento de Filosofía y Humanidades de Gnosis – Instituto Cultural Quetzalcóatl, Guadalajara, 21 (1), 22-40.

------ (2014). El buen vivir como un proyecto civilizatorio intercultural. Contextualizaciones latinoamericanas, Guadalajara, 6(11), 1-7.

------ (2015). El Horizonte de existencia intercultural del  Buen vivir  o Vivir bien. Aproximaciones. Buenos Aires: El Aleph. 

López Soria, José Ignacio (2007). Adiós a Mariátegui. Pensar el Perú en perspectiva postmoderna. Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República.

Rochabrún, Guillermo (2007). Batallas por la teoría. En torno a Marx y el Perú. Lima: IEP, 2007.