José Ignacio López Soria
Publicado en: Debates en Sociología. Lima, PUCP, n° 30, 2005, p. 29-39. (publicado en 2006)
1. Introducción
De Weber se ha dicho, y no sin razón, que es pensador de un mundo que ha perdido su inocencia, de un mundo en el que la optimista reconciliación ilustrada entre sociedad civil y estado, de los días de la enunciación del proyecto moderno, no sólo no se había logrado sino que había mostrado limitaciones insalvables. De demostrar esas limitaciones se habían encargado ya, de un lado, la izquierda hegeliana y el marxismo, poniendo el acento en la alineación y en la crítica de la economía política, y de otro, Kierkegaard y los vitalistas, enfatizando la irreductibilidad del individuo o la inconmensurabilidad de la vida. No es raro que en ese contexto de pérdida de aura del proyecto moderno, la intelectualidad occidental del cambio del siglo XIX al XX oriente sus mejores energías a repensar críticamente la modernidad y sus vigencias fundamentales, mientras que en el mundo del arte las vanguardias tratan de escapar del realismo decimonónico para embarcarse en la búsqueda de nuevos recursos artísticos que permitan refigurar simbólicamente dimensiones inexploradas de la condición humana. Estas nuevas orientaciones y búsquedas se hacen particularmente intensas en Europa central, una región que, como es sabido, había llegado con retraso al desarrollo capitalista. En ese escenario y concretamente en el cambio de siglo, es el filósofo Federico Nietzsche quien se toma más en serio la crítica de la modernidad occidental. Años más tarde, siguiendo la huella de Nietzsche, otro filósofo alemán, Martín Heidegger, seguiría profundizando la crítica al proyecto moderno.
Max Weber (1964-1920), hijo de un empresario y político liberal y de una mujer calvinista y profundamente puritana, se incorpora desde joven a esas búsquedas apropiándose, inicialmente de la cultura greco-romana, completando su formación con estudios de derecho, filosofía, economía e historia, ejerciendo la cátedra en diversas universidades (Berlín, Friburgo, Heldelberg y Munich), dedicándose a la investigación de la historia agraria de la antigua Roma y de las compañías comerciales del medioevo, y centrándose finalmente en la sociología de la cultura y particularmente de las religiones.